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Tema: Jugarás a ser un dios [El libro]

  1. #1
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    Jugarás a ser un dios [El libro]

    Soy papá y no puedo estar publicitando el libro, ni kindle me deja ponerlo gratis.

    A sí que he decidido pegarme un tiro en un pié e ir metiéndolo aquí dentro de a poquitos, sólo para entreteneros.

    En la web no funcionan las notas a pié de página ni me van los links a páginas de ciencias... así que tomároslo como un triller de ciencia ficción (pues falta todo lo de dibulgación... pero creerme que todo lo que cuenta de la época actual es verdad)

    Si lo queréis pedírmelo, que también lo regalo en otros formatos (kindle entre ellos).



    Pulsa en la imagen para verla en tamaño completo

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ID: 4775
    JUGARÁS A SER UN dios


    La singularidad genética

    Acción, intriga y divulgación en el 'mañana' que nos prepara la ciencia de 'hoy' 'ayer'

    Por: David D. Arquero

    Copyright © 2014 David D. Arquero
    Licensed under *Creative Commons All rights reserved 4.0 International License.

    1 ANOTACIONES
    No pude contactar con quién me escribió este email. Pese a poner en práctica los conocimientos de Internet que aprendí en mi carrera y largos años de profesión, nunca pude llegar a la mínima pista sobre quién lo envió, ni la página que lo mandaba, ni la dirección de correo de envío existió nunca, ni la clave única de la máquina existía (y esto último me sorprendió en extremo pues esto es realmente difícil de falsificar pues está sólo al alcance de unos pocos hakers y gestores de red en el mundo).

    Un email asombroso, con más páginas que cualquiera que haya visto, procedente de ninguna parte, indicando una fecha de emisión de 15 de enero del 2312… No puede ser… ¿Algún amigo bromista con acceso a la base de datos de mi servidor de correo?… ¿Y con información de física cuántica y química orgánica simplemente asombrosa?… ¿Qué informático tiene puede tener esos conocimientos de química orgánica?


    Lo he leído y releído decenas de veces y, aunque no creo en cuentos de hadas y generalmente llego a la conclusión que el presente correo electrónico es una extraña broma o un boceto literario que alguien me mandó a mí o a alguien con un email similar por error…, pero me temo que muchas otras veces termino dejándome llevar por mi imaginación y no puedo evitar creer en los asombrosos relatos sobre cosas inimaginables pero a veces tan plausibles, tan enloquecidas pero consecuentes1.

    Aunque hace tiempo que lo recibí y leí por primera vez, aún en ocasiones lo releo y no puedo evitar sentirme como el primer hombre que escuchó relatos de viajeros, sobre los increíbles unicornios de piel gruesa y más grandes que un toro que caminaban por la estepa Africana… Yo que tantas veces que desarbolado argumentos sobre espíritus o extraterrestres, ¿Ahora me encuentro dudando sobre un email cuyas pruebas de venir del futuro pueden ser simples bromas de amigos programadores?

    No, no puede ser, seguramente sólo sea eso, un bromista, un amigo tremendamente capacitado en sistemas informáticos… ¿Con tanta creatividad?

    He estado mucho tiempo pensando si debía hacer público este correo. No lo escribí yo, y desconozco si quién me lo envió querría que lo publicase; si no es así, lo lamento.

    Pero ha llegado el momento de reconocerme a mi mismo que, subconscientemente, el principal motivo de tanto pensar, era el miedo al uso que podría alguien dar al contenido de este email, la posibilidad de que no sea una broma, la posibilidad de que al hacerlo público, con él esté cambiando el futuro a peor. Por otro lado, tal vez el hecho de conocer un posible futuro sirva para que pensemos cómo no cometer los mismos errores.

    Por otro lado, ya no soy un niño que se deja engañar con el ratoncito Pérez y el hombre del saco… No puede ser más que una broma y, como el relato ha absorbido a cuantos se lo he dejado leer, pienso que ha llegado el momento de darlo a conocer.

    En definitiva, por precaución, decidí modificar las partes que me parecieron más potencialmente peligrosas y publicarlo. Se que mis precauciones son absurdas, pero como dicen mis amigos en Galicia “Creer en brujas no creo pero, existir, existen.

    Tampoco publico las cabeceras del email, con lo que si aparece su legítimo autor, podré saber que es realmente quién me mando el email y podré devolverle sus derechos.

  2. #2
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    JUGARÁS A SER UN dios 2 Despertares 2/2

    Comienzo del libro: http://forokd.com/showthread.php/121...814#post164814

    Comienzo capítulo: http://forokd.com/showthread.php/121...-Despertares-1

    La luz que emitían las largas hileras de biofarolas a lo largo de la autopista estaba empezando a bajar la intensidad. En el horizonte empezaba a salir el sol.

    Los altos árboles de las autopistas realizaban el servicio de las antiguas farolas, iluminar, pero lo hacían sin necesidad de electricidad, sin infinitos cableados eléctricos, sin contaminaciones, sólo vertiendo oxígeno a la atmósfera.

    Las altas copas daban sombra en la autopista de día mientras por la noche la energía, generada en su fotosíntesis. alimentaba los gigantescos generadores de luz en forma de lirios, con pétalos plateados más relucientes que la más bella mariposa. En vez de estambres y pistilos, los árboles, a medio camino entre luciérnagas y las viejas bombillas leds, tenían órganos que iluminaban la calle.

    Las biofarolas ahora se apagaban poco a poco según detectaban en sus copas más luz solar.

    Eran biofarolas altas y de anchos troncos dados sus muchos años. Eran el primer modelo y apenas tenían menos de tres años que las primeras biofarolas que METD instaló en su primer gran proyecto: iluminar de punta a punta 600 km de autopista en España entre Madrid y La Coruña.

    Cuenta la leyenda que fue el propio fundador de METD quién, tras un pequeño proyecto de prueba, instaló él mismo todos los árboles en una sola semana. Cuentan que realizó larguísimas cuerdas con semillas intercaladas cada docena de metros, y con un coche y un gancho largo, colocó a lo largo de la vía sin apenas bajar del coche que circulaba por el arcén a una velocidad media de 20km por hora.

    Apenas cobró por el proyecto la décima parte de lo que hubieran costado las viejas farolas, pero sin apenas gastos, sólo ese proyecto ya habría cubierto económicamente sus necesidades de por vida, aunque viviera diez vidas seguidas.

    Tras este proyecto John Lenon, que así se le conocía al fundador de METD, realizó millones de proyectos más.

    En los primeros cinco años ya había iluminado las autopistas y calles de medio planeta, además de repartir las semillas de ArCa por el tercer mundo.

    A los ocho años había liberado parte de sus sistemas de bio-desarrollo y aun así estaba cerca de monopolizar la generación de materias primas. Maderas, plásticos, petróleos y muchos más eran generados artificialmente por bacterias y biontes en las naves de METD y en cantidades suficientes para cubrir la demanda de occidente.

    A los veinte años, los biontes que METD fabricaba, diseñados a medida, daban servicio a casi todos los países del mundo y a la mayoría de grandes empresas y millonarios del planeta. Millones de pequeños programadores usaban sus aplicaciones gratuitas para crear biontes para medianas empresas y pequeños proyectos.

    Pero la calidad y potencia de los biontes del METD era inalcanzable, pese a que la mitad de los gobiernos del mundo trataban de plagiar la tecnología realizando ingeniería inversa de los biontes y generadores, con menos que escaso éxito.

    Los gobiernos y lobbies, incapaces de controlar el nuevo mundo que se les venía encima a velocidad de vértigo, invertían billones de dólares en duplicar la tecnología. ¿Podían permitirse que sus países fueran controlados por una sola empresa privada? ¿Y si esta empresa u otro país generaba inimaginables armas con esas tecnologías?

    Tuvieron que pasar treinta años para que China, aun con una renta percápita pequeña pero ya la mayor potencia económica mundial, atacase la pequeña isla Uotsuri-Jima de las islas SenKakuxi en disputa con Japón.

    Al anochecer llegaron a la isla docenas de biontes chinos similares a ballenas, huecos por dentro y llenos de centenares de otros biontes similares a gigantescos biotigres.

    Tigres de piel más dura que la coraza de un galápago en forma de escamas, rápidos y sigilosos, con fuertes mandíbulas y dientes, casi tan duros como el diamante, capaces de destruir una ametralladora de un bocado.

    Mucho antes de la salida del sol el batallón japonés provisto de los mejores medios de guerra había sido reducido a la nada.

    Tan sólo dos tanques sobrevivieron, esperando la llegada de ayuda, rodeados y atacados continuamente por las letales alimañas.

    Helicópteros japoneses fueron enviados y ametrallaron los biontes con munición de gran calibre para rescatar los dos tanques, pero docenas de miles de disparos certeros apenas habían restado media docena de bestias.

    Sin embargo un salto de nueve metros de uno de estos biotigres derribó un helicóptero de guerra japonés.

    A cinco metros de tocar el suelo ya habían saltado a la nave otros ocho biontes y eliminado a todos sus tripulantes. Cayó al suelo, explotó el combustible seguido de explosiones sucesivas del arsenal que llevaba…, pero todas las bestias salieron de los escombros apenas magulladas.

    Pese a que tras ver lo ocurrido elevaron la cota de vuelo, otro helicóptero, esta vez a quince metros, sufrió la misma suerte apenas un cuarto de hora más tarde.

    En menos de un día los animales habían destruido los invencibles tanques japoneses y el país del sol naciente se vio obligado a dar por perdida la isla.

    Japón, incapaz de enfrentarse contra ese muestrario de las nuevas bioarmas chinas, sin siquiera capacidad a corto plazo para copiar la tecnología, retiró todas las acusaciones que había vertido sobre el ataque de China, firmó capitulaciones en todas las pretensiones de ésta y ambas expresaron su amor de buenos vecinos.

    Dos enemigos milenarios quedaron 'hermanados' en tan sólo dos días.

    A los tres días desde el desembarco de los biontes, china envió una fragata con sus soldados a la isla.

    Primero vieron los cadáveres de las pseudo-ballenas atoradas en la costa. Éstas ya habían fallecido, sin otro fin que llegar a la isla, no disponían de aparatos de alimentación ni otro instinto que encallar en la costa y abrir las inmensas fauces para soltar la carga murieron varadas en la arena.

    Tras las ballenas, vieron cómo agonizaban los pseudo-tigres en la isla. Diseñados igual que las ballenas, para morir de hambre en tres días mediante la carencia de aparato digestivo, sorprendió a los capitanes chinos que aun estuvieran agonizando transcurridas dos horas desde su 'fecha de caducidad'.

    Los barcos chinos esperaron al anochecer antes de asegurarse de que todas las bestias habían muerto, ocho horas más allá que la mayor vida que habían previsto los científicos militares que los diseñaron.

    Pese a todo no atracaron hasta el amanecer del cuarto día.

    Triunfantes izaron la bandera de China en el mástil de lo más alto de la torre de defensa, antes japonesa.

    Todo el día estuvieron montando su campamento, viendo que armas podían tomar del enemigo y lanzando al mar restos de seres humanos desmembrados y gigantescas bestias muertas.

    Los triunfantes soldados durmieron o festejaron, entre guardia y guardia, pues tenían órdenes de mantener fuertes guardias nocturnas de tiempos de guerra, ya que con lo inesperado de la rendición, las órdenes no habían sido anuladas.

    Entre soldados festejantes y cumpliendo órdenes, más de la mitad de los militares estaba en vela cuando sucedió todo:

    Un pseudo-tigre, una bestia sangrienta, había tenido un fallo en su ADN al ser reproducido. Tenía un maltrecho sistema digestivo…, pero lo tenía. La sangre de los soldados había hecho las veces del suero que les suministraban a él y sus hermanos en el laboratorio donde fueron concebidos.

    Dormía cuando los chinos llegaron a la zona de su cueva, donde los líquidos de los muertos japoneses le habían mantenido a duras penas con vida, pero siempre hambriento.

    Al despertar no quedaba alimento, los chinos habían tirado al mar el último cadáver, por lo que cuando salió del sueño, el hambre habían regenerado su agresividad.

    El sigiloso felino saltó sobre el primer centinela clavando sus poderosas fauces en su garganta antes de que sus garras tocaran el suelo. No se escuchó ni un ruido.

    En menos de media hora no había un sólo centinela en pie y el animal, al no poder digerir su carne, tan sólo había lamido la sangre que pudo sacar de los cuerpos.

    Tras esto fue emboscando, uno a uno, a cada soldado que salía de la fiesta hacia las letrinas.

    Hasta que el grupo de relevo de la guardia, antes de llegar a ver los restos de sus compañeros, fue atacado por el tigre sin dejar tiempo siquiera a apuntarle con sus armas.

    De los veinte soldados, sólo dos llegaron a la carrera, entre voces de alarma y seguidos por el gigantesco felino, a la tienda donde medio ejército festejaba la victoria.

    La cuarta parte de los chinos ya habían sido degollados y reservados, a la espera del fin del tumulto, para lamer su sangre, antes siquiera de que los soldados que quedaban estuvieran armados disparando a la bestia.

    Apenas quedaba medio ejército cuando el general chino dio orden de retirada al buque.

    Apenas quedaba un tercio del ejército, cuando llegó el último soldado vivo a la fragata, donde todos los soldados, todas las ametralladoras, todos los misiles, disparaban al grandioso felino aún en tierra.

    Potencia de fuego, como para convertir en chatarra un pánzerxii alemán, calló sobre el animal.

    Finalmente se paró el fuego, pero al disiparse el humo se vio al bionte, herido pero aún vivo, retrocediendo hacia el campamento.

    Quizá fue la visión satélite del ejército japonés ayudando a bombardear al animal con misiles tele-dirigidos lanzados desde cazas, quizá sus heridas, o tal vez el hambre de su defectuoso sistema digestivo, hicieron que el animal cayera inerte un día más tarde.

    Cuando finalizó todo el bionte había causado más bajas en el ejército chino que en el japonés.

    Todo el mundo vio los peligros de la manipulación de armas génicas y firmó un acuerdo de no proliferación…, que ningún gobierno pensó cumplir nunca.


    Todos los poderes mundiales buscaban la manera de lograr los conocimientos que poseía METD, bien investigando o si era más rápido: espiando, robando, matando…

    El fundador parecía atesorar todos los conocimientos fundamentales del METD. El control mundial sería de quién diera con esa única persona…, pero esa persona estaba alerta mucho antes de que los gobiernos imaginaran siquiera buscarle.

    Él ya había borrado su rastro mucho antes de que sus primeras biofarolas empezaran a instalarse en Estados Unidos. Creador de los algoritmos que podían interpretar y re-programar el ADN a voluntad, antes de vender su primer prototipo, ya sabía del infinito potencial de sus investigaciones y el peligro que entrañarían.

    Había desaparecido inexplicablemente de la faz de la tierra. No tenía ni nombre, se lo había borrado, nadie le conocía, no quedaba registro alguno del fundador del METD. Pero ya era la empresa que más contribuía a las arcas de España, era el buque insignia del país, y ni siquiera podían perseguir desde Hacienda al fundador por supuesta evasión fiscal, dado que al pagar METD mucho más de lo que le correspondía, un juicio contra esta hubiera supuesto la devolución por parte del país de lo cobrado de más a la empresa…, y eso ya representaba la mitad del gasto del país.

    No tenía nombre, pero ya era el personaje más famoso del mundo. Por eso cuando las biofaloras empezaron a iluminar las calzadas de Estados Unidos y cayeron las primeras semillas de ArCa en África un periodista del New York Times lo llamó John Lenon en referencia a cuando este dijo de los Beattles “somos más famosos que Jesucristo”.

    Al día siguiente, cuando los redactores de todo el globo habían leído el reportaje, se anunció que METD había eliminado la malaria, mediante otro parásito inocuo al ser humano, que anidaba en los mosquitos que la retransmitían y destruía la enfermedad… ¿Quién fue el hacedor del milagro? hubo unanimidad en los editoriales: 'IMAGINE (por John Lenon)'.

    Fue el titular más repetido jamás en la historia del planeta, todos los países tenían al menos un periódico de tirada nacional con este titular explicando que se avecinaba, además del fin de las enfermedades, toda una revolución donde veríamos cualquier cosa imaginable gracias a la bioingeniería y a un sólo hombre sin nombre: John Lenon.

    El mundo le adoraba entonces y ningún gobierno había imaginado que debiera hacer campaña contra la persona que había dado casa, agua y alimento a medio mundo y eliminado la malaria… Más tarde la campaña fue salvaje, pero ya era tarde.

    John Lenon y su empresa METD tuvo carta blanca poco menos de un año, ¿Qué ser humano podía poner en duda que el salvador de medio mundo no podía ocultarse si así lo quería? ¿Qué gobierno podría enfrentarse a su pueblo luchando contra ese hombre?… Primero había que destruir su imagen. No había terminado el tercer año cuando más de la mitad de los gobiernos usaban todos los medios para que prensa y televisión explicaran las 'atrocidades' que METD realizaba…, pero ya era tarde.

    Si un país atacaba a METD, y ésta dejaba de trabajar con él, en medio año había perdido un 15% de su capacidad productiva al no disponer de sus biontes. Ni las economías más cerradas pudieron mantener sus ataques a la empresa por más de un año, y en cuanto cesaba el ataque, METD regresaba inmediatamente con mejores productos y precios para ayudar a recuperar la economía.

    METD era intocable y John Lenon jamás fue encontrado, a pesar de dirigir la empresa con comunicaciones constantes, pese a tener a todos los servicios secretos tras él. Increíblemente parecía que se había vuelto invisible. Los ya mayoritarios medios críticos al METD le daban otro nombre, despectivamente lo llamaban 'El Fantasma'.
    Última edición por Keny; 30/10/2014 a las 10:20

  3. #3
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    JUGARÁS A SER UN dios 2 Despertares 1

    Comienzo del libro: http://forokd.com/showthread.php/121...814#post164814

    2 Despertares
    EMAIL:

    Hola David,

    No sé por dónde empezar. Hay tantas cosas que necesito que sepas y que serán tan complejas para ti en el momento en que te encuentras, que temo bloquearte antes de que llegues a entender.

    Si me lo permites, iré contándote toda la información al tiempo que te explico cómo empezó todo esto para mí:

    Acababa de despertarme, era 27 de marzo del 2112 en las afueras de un pequeño pueblo de mi país, Irlanda.

    Era muy pronto todavía. Yo me había dormido tarde pensando, y sólo había podido cumplir dos ciclos de sueño. Hoy trabajaba y el 'sistema de despertar' me había despertado justo en el final de un ciclo, con lo que estaba despejado aunque sabía que un ligero cansancio me perseguiría por momentos todo el día.

    Me levanté, me puse el traje de nano-fibrai de color negro, tomé el desayuno que acababa de segregar ArCa, mi casa, me monté en el coche y salí para la oficina.


    El coche era un modelo muy viejo, aunque yo estaba convencido que pronto dejaría de ser viejo para pasar a ser un clásico. Lo había heredado de mi padre y era de la primera generación de biocochesii, ya obsoleta. Su sistema era extremadamente sencillo, tenía dos músculos que hacían girar una polea que suministraba movimiento a la caja de cambio.

    Los músculos consistían básicamente en eso: dos músculos de 72kg cada uno, con un conducto al depósito de agua con aminoácidos, vitaminas y azúcar en la parte superior. El depósito se recargaba con un combustible que era el mismo líquido que yo había desayunado y segregaba mi casa.

    También tenía unas ranuras para respiración y ventilación, una especie de corazón y dos rabitos que llegaban hasta cerca del volante. Presionando estos rabitos, con mayor o menor intensidad, activaban los sistemas electro-hormonales que aumentaban o disminuían la velocidad de contracción de los músculos, y con ellos la velocidad del coche. Por último un pseudo-riñón filtraba directamente los desechos orgánicos de la 'combustión orgánica'.

    El resto era el típico de un coche normal de gama muy baja, de los primeros que METD S.A. había creado en serie, antes de ser una potencia económica, para probar sus revolucionarios motores orgánicos pero el resto era realmente pésimo. Las luces led se alimentaban de una batería que se cargaba por una correa unida a un simple alternador, las ventanas tenían elevalunas manuales, no disponía ni de aire acondicionado ni calefacción.
    Mi coche era de los pocos vehículos que quedaban en Irlanda sin sistema de 'auto-conducción'. Se fabricaron también con 'auto-conducción', aire acondicionado, elevalunas y otras comodidades, pero era mediante elementos que METD adquiría a fabricantes de materiales para automóviles comerciales y el precio casi se duplicaba. Además los coches con estas mejoras también hacían más habituales las averías en estos prototipos llevados al mercado, con lo que mi padre optó por el modelo básico cuando lo compró de segunda mano.

    Por otro lado el vehículo ya tenía más de ochenta años y apenas había pasado por un taller.

    Hacía no mucho le había añadido un sistema de biocalefacción y biofrío que yo mismo había adaptado. También le añadí un depósito de 'residuos' dado que habían prohibido que los vehículos fueran expulsando 'sus necesidades' por la calle, este depósito se vaciaba en la ArCa para que lo reutilizada y generara nuevo combustible.

    ArCa, mi casa, tenía fuera, en la parte trasera del tronco, una abertura para recibir estos residuos.

    Tenía tres huecos: uno de 3x3 para el dormitorio, otro de 3x3 para el baño y un tercero de 6x4 para el comedor y la cocina.

    ArCa por fuera parecía un baobabiii, ancho y bajo, salvo por las ventanas y las puertas.

    Básicamente era un árbol de crecimiento muy rápido que en menos de un año ya había generado un tronco hueco en forma de paredes lisas y relucientes, como barnizadas, de color claro como el chopo, pero duras como el roble.

    Sus raíces se extendían cientos de metros para recoger el agua de lluvia mientras que otras se hundían otros cientos en busca de cualquier acuífero. ArCa necesitaba realmente mucha agua.

    En la cocina había un mostrador para preparar la comida del mismo material que las pareces, suelo y techo. Una pila, con un desagüe que se hundía en el suelo. También tenía dos bulbos que salían de la pared con una especie de pequeños palos que al levantarlos abrían un hueco del que salía líquido.

    De uno de los bulbos salía un chorrito de agua fría, del otro agua templada y jabonosa.

    Sobre una esquina del mostrador otro bulbo servía del desayuno que yo había tomado: el agua, azúcares, aminoácidos, sales y vitaminas que el ser humano necesita, producidos por Arca y generados de la tierra de forma similar a como las flores fabrican néctar para las abejas. Este líquido era el mismo que usaba mi coche.

    La ducha tenía igualmente dos pequeños bulbos flexibles en la pared que al presionarlos hacían caer agua fría o templada y jabonosa en forma de lluvia que caía de otros dos bulbos en el techo. Desaguaba en un agujero que hacía las veces de sumidero y retrete, llevando el líquido, al igual que hacían el resto de pilas, hasta debajo del árbol en una cisterna donde bacterias facilitaban que las raíces del árbol reciclara todo el agua y materias primas con las que ArCa generaba, de nuestros desechos, los alimentos que necesitamos.

    Canalizaciones de aire ascendentes, descendentes y laterales mantenían la temperatura al igual que se mantiene estable y fresco un termitero de África, refrigerando el calor generado de las millones de termitas y madera en descomposición.

    ArCa era la versión de casas ecológicas que METD 'regaló' al tercer mundo.

    Su intención, de hacer que todo el mundo pudiera vivir en una vivienda digna, fue más que superada cuando un día, sin previo aviso, lanzaron mediante helicópteros miles de millones de semillas en la mayoría de ciudades y decenas de miles de pueblos de África, Asia, Centro y Sudamérica.

    Las semillas tenían instrucciones de cómo activarlas, hirviéndolas en agua, pues venían desactivadas para que no crecieran sin control humano y sin el terreno que necesitarían.

    Había semillas para todos. Los habitantes de pueblos donde no llegaron las semillas por los helicópteros no tuvieron problemas en conseguir semillas de los cientos que tenía cada habitante de ciudades donde sí llovieron del cielo.

    Pronto llegaron a occidente millones de estas semillas y, una de ellas, terminó siendo mi hogar casi un siglo después.

    Realmente en occidente METD vendía casas mucho más grandes, con más agua, con más variedad de comida, distribuciones eléctricas integradas, aire acondicionado, en ébano de colores, o a la medida de lo que cada cual pudiera imaginar… O pagar.

    No pasaron tres años y ya vivía medio mundo en una de estas biocasas.

    Tal y como fueron distribuidas, las empresas y las autoridades, con intereses, no pudieron impedir ni controlar la difusión de las semillas.

    Algunos gobiernos trataron de talar las casas para mantener el control de la construcción y la alimentación, pero cuando los parias del mundo habían probado las comodidades de algo parecido a una vivienda occidental, un alimento garantizado o el agua corriente, cuando intentaron quitárselas, se sublevaron.
    Última edición por Keny; 30/10/2014 a las 10:14

  4. #4
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    Re: JUGARÁS A SER UN dios 2 Despertares 1

    No sin pérdida de vidas cayó el primer régimen totalitario y el resto los gobiernos rápidamente aceptaron la pérdida del control que tenían de las necesidades básicas de sus ciudadanos para evitar perder el control del país.



    Yo conducía con la ventanilla bajada disfrutando del aire fresco en la cara.

    Aún era de noche pero hacía buena temperatura, y el rítmico sonido de la contracción de los viejos músculos-motores, unido a la falta de sueño que hizo presencia, me sumieron de nuevo en los pensamientos de la noche anterior.

    Yo era ingeniero genómico para una pequeña empresa de servicios. Realizaba biontes: 'piezas' y 'herramientas' vivas y a medida.

    El analista diseñaba los códigos de ADNsiv, RNAsv como quién diseña un coche y luego eran fabricados, implantadas en una célula, por el programador como el operario de la fábrica que maneja los robots que confecciona el coche. Luego el programador introducía estas células en un cultivo y sólo hacía falta tiempo, cuidados y alimento para que la pequeña célula se fuera dividiendo en dos, creciendo y vuelta a multiplicarse exponencialmente hasta tomar las formas y funciones de las biomáquinas que tuvieran preestablecidas en su genesvi.

    Aunque los trabajos de analista y programador realmente eran empleos muy diferenciados, en una empresa con un jefe, que se limitaba a mandar, y un trabajador, este último tenía que multiplicarse en jornadas interminables y meses sin librar ni un día.

    Pero me gustaba mi trabajo.

    Por ejemplo: Un cliente que tenía una empresa de transporte necesitaba una cinta transportadora de materiales para su almacén, y yo, en vez de simplemente fabricarle la cinta, le ofrecía crear un sistema que 'veía' al conductor y el material, lo pesaba, lo transportaba y colocaba en repisas creadas en el almacén, luego lo registraba en el sistema informático y programaba la comunicación entre el sistema biótico e informático para que realizara las operaciones contrarias, volviendo a cargar otro camión de la manera más óptima cuando se diera salida al producto.

    Lógicamente, por relativamente poco dinero, el cliente podía reducir sus costes y multiplicar la capacidad productiva de su empresa. El cliente aceptaba en seguida el nuevo sistema que le ofrecía, yo trabajaba rápido, mi jefe se forraba, el cliente hacía crecer su empresa apenas sin esfuerzo y a mi me decían ambos que era muy bueno y me daban una palmadita en la espalda.

    No me importaba en dinero, me gustaba mi trabajo, crear cosas fantásticas casi de la nada. Supongo que era una sensación como la que tiene un pintor o un escultor al crear sus obras.


    Sin embargo, de vez en cuando las cosas fallaban, al igual que nuestras propias células, los biontesvii a veces deterioraban su ADN y se volvían anómalos, defectuosos, y había que corregir sin cobrar.

    Además los clientes pedían cambios sobre el bionte funcionando y no querían uno nuevo sino modificar el mismo, introduciendo otras células con otros ADNs o infectando las células con virus que modificasen en ADN anterior. Esto multiplicaba la posibilidad de errores, lo que a su vez incrementaba las broncas del jefe a lo que yo siempre respondía “Ninguna empresa hace eso, ¿Acaso Dios creó a la mujer y luego dijo 'creo que si la pongo ahora estos dos bultos en el pecho quedaría mejor'? Ni Dios modificaba sus obras una vez creadas.”

    Tenía ya casi todo mi tiempo consumido sólo con el mantenimiento de los proyectos anteriores.

    Y como ya había muchos proyectos creados, mi jefe por momentos me apremiaba con nuevos proyectos, y al rato metía prisa con el mantenimiento y reparación de secciones de otros biontes.

    Apenas llegaba a solucionar cada urgencia como el bombero que llega a apagar los incendios justo antes dela vivienda contigua arda con todo el mundo ya gritando de miedo.


    Un pequeño fallo en la replicación de una de las células del bionte, y esta empieza a dividirse en dos por error; esas dos en otras cuatro;… Como el cáncer que en diez ciclos ya son más de mil células, un pequeño bulto aparece en uno de los estantes que el bionte utiliza para almacenar la mercancía, este sigue realizando su trabajo introduciendo y sacando carga de ese estante hasta que el bulto hace que la entrada del estante deje un hueco, menor que el paquete que intenta almacenar en él, y el paquete se cae al suelo.

    Luego como los costes y tiempos no habían permitido poner mil sensores, que pudieran detectar cada uno de los infinitos errores aleatorios, y los operarios humanos ya hace meses que no entran en la automatizada sala del almacén. Nadie detecta el error. El bionte sigue intentando almacenar material en el estante, ya cerrado, y todos caen al suelo.

    Más tarde llega el envío y el bionte sigue tratando de cargar los camiones, desde el estante obstruido y vacío, los paquetes que ya no están en él.

    Entonces aparece una llamada histérica en el teléfono de un camionero que se queja de que le están llegando reclamaciones de todos sus clientes, o de que se ha roto la pared del almacén por la presión de los bultos que continuamente entraban y no salían…

    Otro incendio que solucionar…, más gritos de mi jefe…, otra noche entera trabajando para que a la mañana siguiente todo esté funcionando a la perfección…, salvo a haber eliminado el cáncer y puesto un sensor para que este bulto canceroso de este tipo no vuelva a aparecer. Y para que el cliente quede contento con tres mejoras adicionales que le he regalado como compensación y que mi jefe, ignorante del mínimo funcionamiento de los biontes, que vende productos 'sin fisuras', certifique una vez más mi torpeza quejándose de mi incompetencia 'también' en otro proyecto, que 'también' me retrasaría otro día todo el trabajo.

    Aunque la mayoría vendieran incompetencia mejor que yo vendía el trabajo de diez personas, al precio de una, mucho más rápido y con menos errores, yo carecía de las cualidades diplomáticas que hacen lucir el trabajo donde otros empleaban equipos de más de diez personas, fallaban más, pero sabían hacer relucir y valorar su torpeza.


    Llevaba mucho tiempo pensando en la solución definitiva a estos problemas de errores y cánceres que todos los generadores de biontes padecían y amargaban mi trabajo, y mi vida. Por suerte desde hacía pocas semanas que se me había ocurrido el germen que daría solución definitiva a mis problemas.

    Son de esas veces que trabajas con una idea fantástica y ya saboreas con la punta de la lengua, que sabes que está ahí, pero que aún no la has dado forma. Esos pensamientos me habían hecho dormir tarde y me habían imbuido de nuevo en el coche.

    El ADN, 'el código fuente' de los biontes, era un sistema de nucleótidosviii enlazados en una doble cadena, una 'espejo' de la otra. Con este sistema la naturaleza había minimizado los 'errores de código', pues debía haber un doble error para que el sistema fallase.

    Un virus, por ejemplo, puede tener sus genes escritos en una cadena simple de ARN donde es mucho más fácil el error. Estos errores pueden darle aleatoriamente formas y funcionalidades diferentes haciendo que la inmensa mayoría de las veces el virus 'muera'. Obviamente dado que de cada célula infectada genera una infinidad de clones del virus, no supone un problema que una buena parte de ellos sean inservibles, sin embargo para ellos es una gran ventaja aumentar la frecuencia de fallos al azar hasta lograr que alguno de estos sea una ventaja evolutiva.

    Las células se dividen mucho más despacio y no pueden correr el riesgo de que se inutilicen sus genes, por lo que tuvieron que desarrollar un sistema de 'copia de seguridad', el ADN, mucho más estable y realizan sus funciones transfiriendo pequeñas copias de si mismos en forma de ARN.

    Por otro lado, el ADN de los animales y plantas es muy tolerante a errores, con mil sistemas de seguridad que ha perfeccionado la evolución.

    Los códigos de los biontes eran mucho más pequeños y carecían de la mayoría de medidas de protección. Por ejemplo, el sistema de almacenaje que comenté antes, apenas mide la milésima parte del AND de un ratón, y ¡El bionte pesa dos millones de veces más que un ratón!


    La unidad mínima de información, el nucleótido tiene en una base nitrogenadaix, que sólo puede ser de cuatro tipos, un solo dato. Una infinidad de estos cuatro tipos forman el ADN que se unen a otra hélice de nucleótidos formando sólo dos parejas de bases, el ADN. Al igual que un imán se atrae un imán con un clavo y un trozo de papel se atrae con un globo cargado con electricidad estática, siempre se organizan en dos parejas: clavo e imán, papel y globo. Si una cadena era clavo, globo, globo, papel la otra debía ser imán, papel, papel, globo. Pero esta 'copia de seguridad' no era suficiente, de alguna manera siempre terminaba todo del revés.

    Había tratado de introducir cientos de proteínas que velaran por que no hubiera erroresx y mil soluciones más, pero no había manera. Siempre terminaba fallando algo.

    Finalmente comencé a pensar en cambiar la propia naturaleza del ADN.

    Y allí volaban mis pensamientos: otra copia de seguridad, cuádruple hélice, dos dobles hélices enlazadas.

    Necesitaba crear nucleótidos, nuevas proteínas más complejas que lo recorrieran, y crearan a su vez más proteínas y otras moléculas, haciendo que la célula viva y se multiplique. Visualizaba moléculas, que como el ADN, sólo pudieran unirse a otras moléculas, pero en vez de mediante dobles parejas, como el imán y el clavo, utilizando cuartetos, como la llave que se une a la cerradura que se une la puerta que se une a la casa.


    La autopista 4. Me había pasado mi salida.

  5. #5
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    3 El Secuestro

    Ya había cambiado de sentido, regresado a la salida de la autopista 4 y, abstraído en mis pensamientos, había pasado la rotonda de salida de la autopista. Conducía automáticamente mientras empezaban a tomar sentido las antes caprichosas moléculas que intuía serían la solución a todos los problemas que había tenido. Las fuerzas de atracción y repulsión que las daban forma al tiempo que las permitían realizar su trabajo. Aún quedaban flecos por pulir calcular al detalle las fuerzas, y tras esto tenía que asegurarme de comprobar que mis cálculos fueran correctos en el programa molecular de METD…, pero tenía la certeza de haber resuelto el problema de una vida… Sentía una epifanía.

    Había llegado a la oficina: de vuelta al mundo real ¿Qué habrá ardido hoy para que me puedan gritar mi dosis diaria?

    Al entrar el mi pequeño cuarto el ordenador me dio la bienvenida como todos los días, con la pantalla que ocupaba toda la pared mostrando el paisaje vivo de una playa de arena blanca, agua azul cristalina y un verde bosque de palmeras de una isla del pacífico sur.

    El sonido de las olas me hizo olvidarme del error en la carretera, de que llegaba tarde y de comprobar el estado de los proyectos.

    Me puse a programar las moléculas embebido en mi mundo de carbonos e hidrógenos, de fuerzas de atracción y repulsión, mi cuádruple hélice de ADN y las proteínas que pudieran recorrerlo e interpretarlo… Allí estaba, casi podía tocarlo con la punta de mis dedos.

    ERROR, no podía ser. Mis cálculos eran correctos. Revisémoslo.

    ERROR. Ok, punto por punto.

    ERROR. Aislemos las partes más pequeñas que pueda y probaré una a una.

    COMPILADO. Bien.

    COMPILADO. Bien.

    COMPILADO. Bien.

    ERROR. Imposible. Es una gestión compleja. Pero la tengo calculada. Sé que está bien. ¿Puedo hacerlo más pequeño? Si, probemos esto.

    COMPILADO. Bien.

    ERROR. ¿Error? ¡¡No puede ser!! Búsqueda por Internet de las fórmulas avanzadas de calculo de fuerzas. Bien, vamos ha hacerlo a mano. Bien, bien, bien. ¡¡¡FUNCIONA!!!!

    ¿Está mal el ordenador? Lo realizaré en la nube, me conectaré a un servicio de calculo proteico en remoto y probaremos este pequeño trozo.

    ERROR. No es mi equipo. ¿Falla el METD?

    Búsqueda en Internet: ¿Falla el programa molecular de METD en el cálculo avanzado de órbita con cinco fuerzas intermolecularesi?

    SIN RESULTADOS. Imposible, algo debería aparecer, aunque fuera un programa de televisión donde aparecieran cinco personas desnudas apretando el culo con fuerza con un enlace publicitario del METD. Siempre aparece algo, siempre que escribía 'molecular' dentro cualquier búsqueda debía activar el filtro anti-***** pues aparecían centenares de miles de páginas *****gráficas de culos enormes, o aunque buscara palabras mal escritas alguien había abierto una página con esas palabras, si buscaba asfddf había millones de páginas.

    Esto no está bien. Siempre sale algo.

    Igualmente compilaré las moléculas.


    LLAMADA. LLAMADA. LLAMADA. La voz del ordenador, aunque dulce y de mujer, me cae cómo agua fría por lo que anunciaba.

    En la pared del ordenador aparecía la cara de mi jefe que estaba llamando. Apunto con la mano a la cara y la subo para descolgar.
    — “¿Qué pasa con el almacén 51?”

    — “¿E…El almacén 51?”
    Contesto tartamudeando mientras trato de reubicarme haciendo memoria y reviso el ordenador discretamente.

    — “¡¡¡Siempre igual!!!”
    Gruñe mi jefe.

    — “¡Eso está hecho y en orden!”
    Contesté. Ordenador revisado, sin incidentes abiertos. Había modificado una plataforma para que estuvieran mejor colocadas las cajas y optimizar el espacio.

    Le había mandado al cliente una inyección para actualizar la plataforma en cuestión y le indiqué que tan sólo tenía que inyectársela. No había contestado.

    ¿No lo había hecho ni había abierto incidencia y en vez de eso había llamado a mi jefe para quejarse?!!!

    — “Pues me ha llamado quejándose, ¡Como siempre!”

    — “Mira el informe que le mandé”
    Argüí mientras mandaba a la pantalla de mi jefe el informe.

    — “No tengo tiempo para tus informes, ve al cliente y soluciona tus problemas”.

    — “¿Cómo voy a ir? Es perder el día entero y me tienes otros tres trabajos para entregar hoy…”

    El jefe ya había colgado.

    Mmmm. Tres minutos más tarde me encontré pensando sobre si era verdad el dicho de que si hablabas mal de una persona le pitaban los oídos. Le debieron reventar los tímpanos a mi jefe hacía dos minutos, pero nunca le reventaban. O tal vez si lo hubieran hecho, al cabo nunca escuchaba una palabra de lo que yo decía.

    ¿Merecía la pena mi esfuerzo? Tal vez no.

    Llevaba ya mucho tiempo en esa vorágine. Pero parecía que no me quedaban fuerzas para salir de ella.

    Si encontraba un rato libre, en vez de buscar otro trabajo, me quedaba embobado mirando juegos de ordenador en un inútil intento de huir de la realidad que me agobiaba. ¿Cómo había llegado hasta allí? Yo era el mejor de mi promoción con diferencia, erá más rápido y con menos fallos que cualquier otro analista y programador juntos que hubiera conocido…, pero francamente, me vendía terriblemente mal.

    Ya había perdido diez minutos. Salí corriendo al coche, me monté y fui a la sede del cliente. Ya no pensaba en sueños ni moléculas, sólo me hervía la sangre de la última bronca. Ya no pensaba.

    Llegué al cliente. Evidentemente el encargado de poner la inyección no estaba. Me dijeron que había salido de vacaciones, obviamente olvidándose de poner la inyección.

    Dado que los desplazamientos se cobraban, había llamado a mi jefe quejándose para evitarse tener que justificar el pago ante sus superiores. Como mi jefe estaba acostumbrado a dar la razón al cliente, cargando las culpas contra mi lomo, y sabía que yo me quedaría igualmente toda la noche antes de dejar otros proyectos sin cumplir. Ni se preocupaba de cobrar lo debido por el trabajo.

    Era negligencia del cliente y no tenía prisas, se podía haber hecho al día siguiente y cobrar un día entero de trabajo o podía decirle simplemente a su compañero que pusiera la inyección, pero no hacía falta, ya sabían el talón de Aquiles de mi empresa.

    — “¿Y donde está la inyección?”
    Pregunté al suplente.

    — “Ni idea”

    — “Y no podéis buscarla”

    — “No es mi trabajo”

    — “Oído cocina”
    Contesté.


    Salí del cliente. Redacté un informe. Le puse copia al vacacionario, a su jefe y a mi jefe. Y luego mandé otro informe a mi jefe diciendo que, dadas las horas que eran ya, ni podía volver a la oficina. Además como me había mandado a este cliente para hacer el tonto habíamos dejado colgado el proyecto A, F y G que les llamara él para avisarles de que al día siguiente no tendrían sus biontes listos, tal y como habíamos garantizado.
    Última edición por Keny; 30/10/2014 a las 10:15

  6. #6
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    Re: JUGARÁS A SER UN dios

    Y me fui andando a una terraza a tomar tranquilamente un café. Si ardía la empresa, que ardiera.

    ¡Qué bien me sentó el café!

    Leer tranquilamente el periódico en una terraza mientras tomaba un cafetito. Sin prisas, sin agobios, sin miedo a donde sería la próxima vez que me equivocara o que 'me equivocaran', sin preocuparme de si un cliente tenía problemas por necesitar mis soluciones. Al cabo yo ni era gestor, ni comercial, yo desarrollaba y era mi jefe el que tenía que gestionar la carga de trabajo, que él vendía, a la capacidad productiva de su empresa.

    Quedaba una hora de trabajo y tres para volver a la oficina y hoy ya no iba a hacer más horas extras. Tal vez nunca más quisiera hacer horas extras. Es más, tal vez mañana mi jefe me despidiera, pero en esos momentos me daba todo igual. ¡Qué rico estaba el café!

    Solté el periódico para tomar mi último sorbo, y me sobresalté al ver a un hombre justo enfrente de mi mesa mirándome.

    Iba vestido con un moderno y discreto traje negro, tenía unos treinta y cinco años, y facciones suaves y agradables. Tenía un semblante y una expresión que transmitían calma y confianza.

    Yo ya estaba tranquilizándome y obviando lo extraño de un hombre que se para en una terraza y me mira fijamente a un cliente desconocido, a mí.

    Ya me disponía a saludar cuando dijo:
    — “Tu molécula funciona.”

    La voz era aterciopelada y tranquilizadora, pero las palabras contenidas su voz pronunciadas por un desconocido en medio de la calle, asustaban.

    — “¿Disculpe?”
    Empezaba a ponerme nervioso de nuevo.

    — “Tu molécula funciona, el programa del METD es lo que falla”

    No articulé palabra. ¿Cómo podía nadie saber de mi molécula y de mis problemas con el calculo del programa del METD?

    Ok, recordé que busqué el fallo del METD por Internet y probé mi molécula en la red, pero igualmente ¿Cómo podía venir a buscarme por dos gestiones en la red? Y lo peor ¿Cómo podían haberme encontrado en una terraza en medio de ningún sito?

    — “Pero no debiste probarla en un servidor público. Ellos ya saben que el programa molecular del METD falla.”

    — “¿Perdone?”
    Pregunté tratando de parar al desconocido, de ordenarme la cabeza. ¿Es un loco?, imposible, demasiados datos que acertar al azar. ¡Que pare un segundo! ¡Que me de tiempo a entender que esta pasando!

    — “Esos servidores de cálculo molecular están para aprender de la gente. Tu molécula era muy simple, pero nadie había intentado antes nada así. Te buscan.”

    — “¡¿¡Quién me busca!?!”

    — “Las agencias, o al menos las más importantes, la has armado bien gorda en cinco minutos:”

    — “Irlanda. De ella son las cámaras a las que nos hemos conectado para saber que estás aquí, ellos también lo saben ya. Pero Irlanda no conoce los detalles de lo que has hecho. Sus agentes están a punto de llegar.”

    — “Estados Unidos. De ellos es la página del buscador sobre el error del METD, y saben que China te busca.”

    — “China. De ellos es el compilador de moléculas.”

    — “España. Sus servicios secretos filtran las búsquedas al compilador chino.”

    — “Inglaterra. Tienen contactos con el MOSADi. Ellos avisaron a los servicios secretos de Irlanda.”

    — “El MOSAD israelí. Filtra tanto el buscador Americano como el compilador chino y además son clientes preferentes preferentes de GALDA que les da acceso a las cámaras Irlandesas. Están a cinco minutos de aquí.”

    — “La GALDAii. Servicio de espionaje privado mundial. Son mercenarios con uno de los mayores capitales del mundo proveniente de la venta de secretos. Ni nosotros sabemos cuanto tardarán en llegar.”

    — “La has liado bien. Debemos irnos ¡¡YA!!”
    Dijo al tiempo que soltaba un billete en la mesa de más del triple de lo que costaba el café y cogiéndome de un brazo, sin presionar ni aparentar que realizase esfuerzo, me levantaba de la silla como si fuera una pluma.

    — “¡¡¡¡Espere!!!! ¿Cómo se que no van a hacerme daño ustedes? ¿Quiénes sois?”

    — “Soy del METD.”

    Dijo y mientras me quedé mudo, ya me llevaba corriendo hacía un callejón a la vuelta de la terraza. ¿El METD? ¿Y eso era bueno?

    Media prensa mundial decía cada día que eramos esclavos del METD que era poco menos que el régimen de Hittler…, y la otra mitad decía que era mucho peor. ¿Y yo estaba huyendo del gobierno de mi país de la mano del METD?

    Yo sabía que el METD era un monopolio mundial, que dependíamos de ellos. Pero hasta esta mañana mi opinión no estaba clara, desde hace más de un siglo nunca abusaron de su monopolio pese a que podían cobrar lo que quisieran, pero cobraban mucho menos de lo que los clientes estarían dispuestos a pagar.

    Habían eliminado más de la mitad de las enfermedades del mundo, eran los responsables directos del fin del cambio climático, hacía más de medio siglo que el mundo ya no gastaba combustibles fósiles. Además, antes o después, alguien conseguiría plagiar sus logaritmos y perderían el monopolio. Es más, habían regalado al mundo el programa de moléculas del METD, con el que medio mundo trabajaba yo incluido, pudiendo haber cobrado millones por cada licencia.

    Pero… El programa fallaba!!!

  7. #7
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    Re: JUGARÁS A SER UN dios

    Y si yo lo había descubierto, ¿Tal vez eso podía hacer mucho daño a METD? ¿Tal vez por eso estaba este hombre aquí? ¿Tal vez era mentira todo lo que me había contado? ¿Me estaban secuestrando?

    Corría doblando la esquina del callejón medio volando por el aire, arrastrado por el brazo por ese desconcertante hombre, mientras pensaba en cómo salir de esa situación.

    Había regalado un programa defectuoso para la generación de biontes que sólo producía mutantes defectuosos. Todos los analistas y programadores génicos del mundo, el principal motor económico del planeta, zafados en la imposibilidad de crear biontes estables ni grandes proyectos. ¡Llevaba toda la vida recibiendo continuas broncas por culpa de esa maldita multinacional!

    Yo había descubierto que la aparentemente solidaria empresa que había solventado los problemas del mundo, que había salvado de la muerte prematura por enfermedad a miles de millones de personas, que había detenido en seco el cambio climático, que había salvado a Nueva York, Barcelona y Venecia de estar bajo las aguas por el cambio climático… ¡Llevaba casi un siglo engañando al mundo!

    Mis pensamientos volaban mucho más rápido de lo que mis piernas corrían. Parecía como si el tiempo pasase a cámara lenta. Corría a toda velocidad, pero entre zancada y zancada el tiempo parecía eterno. Habría podido realizar un bionte entero, de esos proyectos que me llevan meses, sólo en el tiempo entre que un pié se elevaba en el suelo y el siguiente hacía contacto.

    ¿Debía huir? ¿Cómo? No, no… Antes de eso debía saber que estaba pasando. Corríamos por el corto callejón.

    ¿Qué pretendían? ¿Tal vez ser los únicos del planeta capaces de realizar grandes cosas? Si creaban un generador de biontes que nadie sabía que era defectuoso, el resto del mundo no gastaría sus esfuerzos en replicarlo siendo gratis, cuando lo lucrativo era la creación de biontes.

    Si lo había creado una sola persona, y antes del METD mil equipos de investigación fracasaron en lograrlo, si los organismos que conocieron el engaño lo intentaron sin éxito plagiarlo después, ¿No sería cómo E=MC4i? Una fórmula relativamente simple, pero fruto de un sombrillazo que se enciende en la cabeza de una sola persona atípica, nada que pudiera haberse logrado por una multinacional. Siglos con todo el sistema taladrando el axioma de 'la materia ni se crea ni se destruye, sólo se transforma'. ¿Quién dentro del sistema podría haber dicho que la materia se convierte en energía?

    Hizo falta un Einstein, expulsado del sistema por no seguir sus normas, cuando en esa época los pocos con acceso y capacidad para terminar sus estudios eran casi semidioses, que había quedado extraditado a funcionario de una oficina de patentes, sólo una mente brillante como la de Einstein, y sólo excluido del sistema, podía revolucionar el mundo como el lo hizo.

    Estaba ya todo claro, 'El Fantasma' había dado con una fórmula magistral que había cambiado el mundo, y había dado a todo el mundo acceso a utilizar otra, levemente defectuosa, a sabiendas de que de este modo mantendría el monopolio durante toda una vida.

    Si un gobierno, si una corporación descubría el engaño, intentarían reproducirlo. Pero nadie metido en las normas de una gran organización podría plagiar el descubrimiento. Por otro lado, cualquiera que lo descubriera querría tener igualmente el monopolio, por tanto nadie haría público el fallo, y por tanto ningún otro Einstein proscrito sabría qué debía buscar.

    Es más, ya no quedaban genios proscritos.

    Había miles de genios en el mundo creando cualquier cosa que su imaginación pudiera imaginar. Cualquiera con inteligencia, tiempo, la aplicación gratuita del METD y un simple secuenciador atómico, que no costaba más que un ordenador a un programador a finales del siglo XX, podía crear lo que su imaginación idease.

    El antiguo tercer mundo, hacía mucho que había dejado de serlo, al no tener su población que gastar cualquier ingreso en cubrir sus necesidades gracias a los ArCas. Sólo hacía falta formación e inteligencia para crear biontes en la propia casa. Ya no había ningún genio excluido de parte a parte de todo el globo terráqueo pues se había creado todo un sistema completamente libre. Ya nadie tenía que revelarse. YA NADIE INVENTABA NADA.

    Realmente no es que no se inventase, se inventaba más y más rápido que nunca. Pero pasaban eternidades entre 'loco' y 'loco' que proponía transgresiones como las contantes en el pasado E=MC2, Teoría de Supercuerdasii o que la tierra giraba alrededor del sol. Es cierto que, con las necesidades del mundo cubiertas, la sociedad empleaba en investigar más que nunca, pero eran gigantescos proyectos con sistemas de miles de personas trabajando en equipo con unas reglas.

    Era un plan perfecto.

    Era más perfecto aún, el programa, SÍ permitía realizar biontes sin errores. Sólo había que seguir una serie de pautas tediosas y complejos y reiterados cálculos por cada molécula que se incorporaba al sistema, que multiplicaban por mil el tiempo necesario en la fabricación de cualquier organismo.

    Con el programa se podían hacer biontes perfectos, es más, casi la totalidad del programa funcionaba a la perfección. El fallo sólo impedía el manejo rápido del sistema. Era como si enseñáramos a un hombre de Cromañón todo lo necesario para fabricar rascacielos y le negáramos el acceso a una simple calculadora.

    Miles de científicos podían esforzarse en crear un mega proyecto, que hubiera podido realizar uno sólo de ellos con el programa correcto, pero cada uno debía hacer decenas de miles de cálculos. Un sólo fallo y el megaproyecto, antes o después, se vendría abajo.

    Todos los genios que revolucionaron el mundo en el pasado eran antisistema. Todos los genios actuales creaban biontes que, o fallaban, o llevaban una eternidad.

    Todos los genios eran pro-sistema. Los no metódicos liberaban su creatividad realizando creativos proyectos en pequeñas empresas, confiando en su instinto para reducir los inevitables errores…, como yo hacía. Los metódicos trabajaban en pequeñísimos proyectos perfectos que les llevaban años, o grandes empresas para proyectos normales que rara vez fallaban, o en inmensos proyectos institucionales que requerían decenas de miles de ingenieros e ingenieros corroborando lo de los otros ingenieros habían realizado durante incontables décadas.

    Pero al cabo podía hacerse cualquier bionte que METD hiciera.

    Es como si METD nos hubiera enseñado matemáticas desde cero, nos hubiera regalado una calculadora capaz de realizar las más complicadas ecuaciones diferenciales, pero no nos hubiera enseñado a sumar y le hubiera arrancado la tecla '+' ¿Quién buscaría una tecla de suma si no sabe sumar? ¿Quién sin un espejo se para a pensar que pueda tener un lunar en la punta de la nariz mientras a la vez mira por un telescopio las profundidades del universo?

    Era un plan francamente perfecto. Sólo pensar que durante 100.000 años de humanidad todo el mundo 'sabía' que la tierra era plana. Sólo poco después de que la reina de España prestara a Colón poco más de tres barquitos y unos presos como tripulación para intentar llegar a la India por un camino más corto, si la tierra llegaba a ser redonda, o que cayeran por el precipicio del fin del mundo, si era plana.

    Pero si en 1.490 alguien hubiera inventado los aviones y hubiera puesto vuelos gratuitos de Hong Kong a Madrid, de Pekín a Londes y de Nueva Deli a Lisboa. ¿Se habría alguien arriesgado a caerse al abismo? ¿Habría alguien prestado un sólo barco a esa improductiva temeridad? ¿Habría Colón descubierto América? ¿Cuántos siglos hubieran pasado hasta que nos hubiéramos dado cuenta que la tierra era redonda?

    Y John Lenon tenía que estar muerto hace décadas. Hacía casi un siglo de las biofarolas, ¿Hace cuanto nació? ¿140 años? ¿160? Y sus sucesores tenían que llevar generaciones manteniendo el engaño, raptando a cualquiera que lo descubriera, ¿Tal vez cerrándole la boca para siempre?

    ¡¡¡¿¿¿ ME IBAN A MATAR???!!!



    Me dispuse a pegar un empujón al misterioso hombre del traje negro y salir corriendo en dirección contraria, cuando de un simple tirón me introdujo en un flamante berlina negro de gama alta que estaba estacionado con la puerta abierta.

    — “¡Está a punto de salir corriendo”
    Dijo a toda velocidad el hombre. Acababa de soltarme el brazo mientras, sentado ya en el asiento contrario a la marcha enfrente a mí, cerraba la puerta.

    Yo estaba tirado sobre el gran asiento trasero del berlina tratando de incorporarme. Pude ver cómo desde el asiento del conductor, otro hombre vestido igual que mi secuestrador, me vaporizaba con un aerosol.

  8. #8
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    JUGARÁS A SER UN dios 4 La Huida

    Comienzo del libro: http://forokd.com/showthread.php/121...814#post164814

    4 La Huida

    ¡Había respirado el aerosol!

    ¿Me habían envenenado? El corazón me latía con fuerza.

    Intenté abrir la puerta que tenía próxima a mi cabeza cuando el coche arrancó con fuerza marcha atrás para salir del callejón.

    Caí, sintiendo taquicardias de pavor, al espacio que el berlina tenía entre las dos filas de asientos traseros.

    Noté nervioso como me desplazaba hacia la puerta que había en mi cabeza mientras giraba bruscamente el vehículo marcha atrás, dejando la parte de posterior del vehículo enfilado hacia la salida del callejón.

    El vehículo aceleró con fuerza aplastándome contra la parte baja de los asientos traseros, mientras yo estaba preocupado por la situación, y noté nuevamente la presión en la cabeza al presionar con la puerta cuando el coche giró a la derecha por enfrente de la calle con la terraza que daba acceso al callejón por el que entramos.

    El coche volvió a acelerar y yo noté cómodamente la presión contra la parte baja de los asientos.

    — “Irlanda, tenemos que huir”
    Dijo el conductor.

    Ok, me dije, una persecución a toda velocidad mientras estoy secuestrado por unos asesinos, tranquilamente vamos a disfrutar del espectáculo.

    ¿Tranquilamente? ¿Disfrutar?

    — “Me habéis drogado.”
    Informé tranquilamente a mis secuestradores.

    El hombre, del asiento que antes tenía enfrente, me levantó del suelo y sin aparente esfuerzo me colocó en el asiento central trasero poniéndome el cinturón de seguridad.

    — “Es sólo una especie de ansiolítico. No te preocupes.

    Me llamo Abel el que conduce es Fernando. Es mejor conductor que uno de formula uno.”
    Dijo con una sonrisa.

    — “Encantado.”
    Contesté encantado.

    — “Son los tres coches azules que están pasando a nuestro lado. ¡No nos han descubierto! Gracias a Dios Irlanda no nos esperaba.”
    Dijo Fernando.

    — “Ya, pero vamos en una berlina, no tardarán en deducir que somos nosotros y buscarnos.”
    Dijo Abel.

    — “Íbamos contra reloj y necesitábamos un coche grande, con dos puertas atrás para que pudiera entrar cómodamente tu 'invitado'. No ha dado tiempo a cambiarlo, tengo previsto hacerlo en el túnel de la autopista.”
    Respondió el conductor.

    Había sólo una rotonda a la autopista, y yo no calculaba más de cinco kilómetros al túnel. Pensé: “podemos estar tranquilos”… Mmm… No me iba a liberar mi policía por tanto ¿Cómo podía pensar que podía estar tranquilo?

    — “Disculpad, pero me habéis secuestrado, drogado y me gustaría saber qué ocurre.”
    Dije educadamente a mis secuestradores.

    — “Tienes razón” — Dijo Abel — “La droga sólo te hace sentir tranquilo. No tienes nada que temer de nosotros.”

    De todos modos no me creía una palabra. Lógicamente me iban a matar y era un riesgo hacerlo a cielo abierto, aunque por efecto de las drogas ya no me preocupaba la idea de morir en breve.

    — “Como verás, puedes creerme o no.” — Prosiguió — “¿Qué nos hubiera costado darte una droga que me facilitara engañarte?”

    Mmm… Eso era cierto. Visto lo visto la posibilidad de que me fueran a matar seguía siendo la más lógica, aunque podían haberme matado directamente con la droga o doblegar mi voluntad o hacerme suicidar, pero no lo habían hecho. Tal vez quisieran algo más de mí.

    Entre tanto estábamos en la rotonda a una velocidad que no llamaba la atención.

    Entonces Fernando aceleró bruscamente, más bruscamente de lo que nunca vi a un coche acelerar. Noté como la aceleración hacía que todo mi cuerpo se fuera con fuerza hacia atrás.

    El asiento se hundía para alojar mi cuerpo y emergían partes del asiento a mis lados soportando cómodamente la inercia, primero a un lado dentro de la rotonda y luego al otro al salir de la rotonda siendo impulsado hacia el lado contrario por acción de la fuerza centrífuga.

    Al mirar hacia Abel, que estaba sentado en sentido contrario a la macha y debería haber salido despedido hacia mi posición, le vi prácticamente rodeado en su cara y pecho por el asiento.

    — “No te preocupes.”
    Dijo mientras el asiento se apartaba lentamente de él.
    — “El vehículo no es industrial, su biónica es única, por eso el asiento se ha movido para que no sintieras las bruscas maniobras. Excepto el motor que no es orgánico, es cuánticoi, está compilado átomo a átomo y es lo más eficiente que se ha generado jamás. Consume casi la cuarta parte por caballo de potencia y aún así consume tres veces más que un bionte de Formula Uno.”

    — “¡Cuántico!”
    Exclamé, sin poder decir nada más.

    Abel no contestó.

    Desde finales del siglo XX ya se empezaron a realizar las primeras máquinas que manipulaban átomos de uno en unoii. Los compiladores de ADN realmente fueron resultado de eso. Las empresas de micro chips realizaban sus microprocesadores a escala cuántica desde el momento en que reemplazaron el silicio por el carbono. ¿Pero un motor entero generado átomo a átomo? Eso sobrepasaba mi capacidad de asimilación. Era como si pusiéramos a un Neardental directamente enfrente de mi ordenador.

    Finalmente Abel dijo escuetamente:
    — “Tiene unos 4.500 caballos de potencia.”

    4.500 era una barbaridad, ¿Cuánto podía tener el vehículo más potente? ¿2.000iii? ¡Era la potencia de un tren! ¿Qué aceleraciones produciría a máxima potencia? Debía ser como ir en un cohete espacial.

    Abel notó mi interés por esa fabulosa máquina y empezó a darme detalles.

    Y tenía razones en contarme esos detalles pues, como me pude dar cuenta, su intención era que no pensara en el secuestro o en la persecución:
    — “Está compuesto principalmente por cadenas similares a los mecanismos moleculares que trasportan los compuestos en el interior de las células y proteínas que los mueveniv y algunos orgánulos más, por ejemplo para transformar la energíav.”

    — “Son los Americanos, vamos a tener problemas”.
    Prácticamente susurró Fernando, mientras un gran todo-terreno negro maniobraba en la rotonda que ya habíamos dejado atrás. Mientras, en la autopista había otros tres que parecía quedarían tras nosotros, una vez nos incorporásemos a la autopista, y cuatro más que estarían delante nuestro.

    — “Es lo más eficiente que puede haber, prácticamente si consume un caballo de energía produce casi un caballo de potencia. Y luego hay un entramado de envío constante de nutrientes, bueno realmente poco más que agua y glucosa.”
    Continuaba Abel como si ignorase a Fernando o no quisiera que yo le prestara atención.

    — “Las ruedas están forradas, como las de los coches de carreras, de un material similar al de los pies de las salamanquesas comunesvi que andan por las paredes y techos, aunque las de este coche están ligeramente mejoradas. Tampoco nada del otro mundo.”
    Última edición por Keny; 30/10/2014 a las 10:15

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    Re: JUGARÁS A SER UN dios 4 La Huida

    La berlina ya había entrado a la autopista dejando atrás los vehículos y acercándose a toda velocidad a los de delante. Serpenteando entre el resto de coches dejamos atrás a uno de los todo terreno negro donde pude ver, cuando le adelantamos, que tenía la ventanilla bajada y una mano asomaba con algo negro en ella. Por delante los tres todo-terreno que quedaban también parecían acelerar, aunque menos que nosotros, maniobraban como si estuvieran intentando provocar que el resto de conductores de la autopista se accidentaran.

    — “El resto de las ruedas” — Continuaba impertérrito Abel — “y unos alerones también, que ya debe haber desplegado el biocoche para que no salgamos volando, son como los de la Formula Uno.”

    Mientras decía eso, uno de los todo-terreno, que circulaba a toda velocidad por en el carril izquierdo, había golpeado a una furgoneta roja que iba por la autopista la cual había salido por los aires. Otro todo-terreno, en el carril derecho, había hecho que un utilitario azul empezara a derrapar al intentar esquivarlo.

    Vi por el parabrisas delantero como se nos acercaba volando la furgoneta desde nuestra izquierda. Fernando giró bruscamente a la derecha, para esquivar al coche, quedando enfilado a toda velocidad hacia el coche azul que estaba derrapando a escasos metros.

    Fernando giró nuevamente la berlina en un intento inútil por evitar el contacto.

    El coche giró, pero la inercia casi nos hace volcar, el coche quedó apoyado sólo sobre dos ruedas mientras pasaba a escasos centímetros del coche azul.

    Pude ver, a menos de dos metros, la cara del conductor acercándose a nosotros con un gesto de pánico.

    Finalmente las ruedas izquierdas de la berlina golpearon el suelo y Fermando volvió a dar un volantazo para tratar de enfilar el berlina por la autopista en la que se había quedado atravesado. En ese momento el coche azul golpeó levemente nuestro coche y nos dejó justo en la dirección que íbamos antes del accidente.

    El coche se había puesto a dos ruedas, casi nos empotramos en otro coche que nos había golpeado, pero mientras tanto Abel no había dejado de hablar:
    — “…Y el biocoche los va adaptando a la perfección, el sólo, modula los alerones según la velocidad y giro que llevemos y la abderencia que note al suelo.”

    Hablaba sin dar importancia alguna a lo que estaba pasando. Yo estaba drogado con tranquilizantes y sólo podía pensar en la muerte segura contra la furgoneta roja, el coche azul…, y Abel seguía hablando como si nada.

    La maniobra nos había hecho perder casi toda la velocidad y uno de los coches negros nos había alcanzado. Volvía a ver las manos fuera y esas cosas negras que ahora podía reconocer: ametralladoras.

    Empezaron a disparar desde ambos vehículos antes que Abel hubiera terminado su frase anterior.

    Pude ver, a diez metros de distancia por el parabrisas posterior, como el arma, que asomaba por la ventana del copiloto, daba fogonazos y como las balas impactaban contra el parabrisas en mi dirección.

    Mientras me llagaban los proyectiles el tiempo volvió a detenerse. Ni las drogas relajantes, ni la entretenida conversación de Abel impidieron que mi inminente muerte me hiciera ver todo a cámara lenta.

    Veía cómo las balas atravesaban el parabrisas dirigiéndose directamente hacia mí. Pensé que sería lo último que vería.

    Las balas traspasaban el parabrisas y avanzaban hacia mi cabeza, sin tiempo ni manera de esquivarlas, avanzaban lentamente, cada vez más lentamente, mucho más lentamente, hasta que se detenían y comenzaban a ir en dirección contraria. ¡¿Iban en dirección contraria?!

    Finalmente eran, una a una, expulsadas del vehículo sin dejar más marca en el parabrisas que una ondulación, donde había impactado cada proyectil, como ondula el agua instantes después de que caiga una gota en él.

    Tan sólo quedaba una pálida marca branca en el cristal, que muy poco a poco también parecía desvanecerse.

    Y Abel seguía hablando:
    — “Los cristales y el resto de la carrocería e incluso la parte interna de las ruedas, está echa de muchas capas de fibras basadas de la tela de la araña labradorai, sólo que con miles de capas hasta el grosor de un cristal. Luego están recubiertas de bacterias que, en el caso de las ventanas, al tiempo que aumenta su resistencia y permiten que sean trasparentes.

    Igualmente no te acerques a las ventanas. No detienen las balas en seco, como un cristal blindado normal, en realidad funciona como un muelle. Si impacta una bala y estás pegado a la ventana, la bala atravesará tu piel junto a parte de la ventana.

    Fíjate como desaparecen las marcas de las balas del parabrisas según vuelven las bacterias a segregar su mucosidad transparente.

    ¿Ves? Ya está como nueva.”
    Decía Abel con una sonrisa mientras señalaba hacia el grupo de marcas que habían dejado las balas que se dirigían segundos antes a mi cabeza.

    ¡Eso ya era demasiado!, yo había estado a punto de morir, y ese hombre hablándome de telas de araña.

    — “¡¡¡Ya está bien!!!” — Exclamé — “Puede que esté drogado, y tu Abel, tal vez seas un asesino que vaya a matarme, pese a lo cual, y tal vez por estas drogas, no me caes mal, pero…” — tomé aire — “¿Quieres hacerme el favor de dejar de comportarte como si estuviéramos de paseo en vez de jugarnos la vida?

    Si no, por muy drogado que esté me volveré loco.”

    Al escucharme, vi por una vez como Abel se quedaba mudo.

    Volví al ataque:
    — “Esa gente, los Americanos que llamáis vosotros, no creo que sean menos asesinos que vosotros. Y lo digo consciente de que me han intentado matar.

    Pero aunque este coche sea antibalas y minimice los impactos, no creo que nosotros seamos capaces de resistir un choque frontal a trescientos kilómetros por hora.

    ¿Por qué no les estamos disparando?”

    — “METD no fabrica armas”
    Contestó Abel.

    Habíamos dejado atrás a los dos coches desde donde nos dispararon y sobrepasamos, ya a toda velocidad, el tercer y último todo-terreno negro del que también nos dispararon y dos o tres balas golpearon la carrocería. Pero yo ignorando las balas seguía en la conversación.

    — “O sea, habéis estafado a todo el mundo durante casi un siglo con 'la aplicación' falsa, os habéis metido en mi equipo informático, habéis pirateado el sistemas de cámaras estatal de Irlanda, me habéis secuestrado y drogado…

    ¡¡¿¿Y no fabricáis armas??!!

    Pues si no fabricáis armas, ¡Robárselas a la Interpol!”
    Espeté.

    — “Nosotros no usamos armas de fuego.”
    Contestó Abel en un tono dubitativo, no sé si por el que no tuvieran armas cuando se necesitaban o por todas las barbaridades que él y su organización habían cometido.

    El caso es que su voz afable y segura había migrado a dubitativa y entrecortada igual que cuando un niño se da cuenta que ha hecho algo mal.

    La conversación se cortó de golpe al entrar en un túnel. Seguramente era el túnel que había comentado Fernando.

    Era de una autopista alejada de la ciudad y en los túneles no crecían las biofarolas así que no había luces instaladas. Sólo se iluminaba al fondo las marcas refractantes del reflejo de un coche particular que nos precedía. Aparte de eso el túnel estaba completamente a oscuras ¿Y las luces de nuestro coche?

  10. #10
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    Re: JUGARÁS A SER UN dios 4 La Huida

    Antes de que pudiera hacer la pregunta en voz alta, noté cómo Abel se levantaba de su asiento, y como ese asiento y en general el coche comenzaban a moverse de un modo extraño.

    No era un movimiento de la velocidad o desplazamiento del vehículo sino parecía como si el coche se moviera por dentro.

    Noté como Abel se había cambiado de posición sentándose a mi derecha y se abrochaba el cinturón de seguridad.

    Salimos del túnel, pero todo era ahora distinto. El coche era otro.

    Ya no estaba en un berlina sino en un gran utilitario azul metalizado. Seguía en el asiento central pero ahora Abel estaba sentado a mi derecha en contacto conmigo y si alargaba el brazo izquierdo podía tocar a Fernando.

    Me quedé mudo, al punto que Fernando pudo ver mi perplejidad, y aún sin recobrar su tono seguro al hablar dijo:
    — “Ya te dije que el motor era cuántico pero el coche era un bionte excepcional.

    La estructura puede cambiar y el exterior, de tela de araña simplemente se comprime igual que si juntas ligeramente dos ramas sobre las se asiente una tela de araña.

    El coche es mucho más pequeño y el material con apariencia de cristales y la fibra exterior es un poco más grueso al encoger el coche.

    El color es más sencillo aún. Simplemente son unos cuantos genes modificados directamente del camaleón.”

    Tal vez fuera deformación profesional, pero por primera vez dejé de pensar en el secuestro en que habían estado a punto de asesinarme varias veces, y me quedé absorto estudiando el biocoche, sus cualidades, los detalles que ahora veía, el tacto de los asientos auto-absorbentes de inercia, hasta habían cambiado los pomos y hasta el último detalle de los acabados en madera noble de la berlina.

    Mis biontes, fallos aparte, eran funcionales pero toscos, creados sólo para realizar el trabajo. Si necesitaba poner una balda era una madera, pulida, con acabado barniz tal vez, pero nunca había gastado un segundo en mejorar la belleza el dibujo de la veta o realizar un troquelado de fantasía al canto de la balda. ¿Qué tiempo hubiera yo necesitado para realizar algo así?, ni aun con el programa funcionando correctamente y un ejército de programadores me hubiera llevado menos de docenas de meses o tal vez de años.

    Realmente el bionte del coche era una obra maestra.

    Fernando interrumpió mis pensamientos:
    — “Esa furgoneta verde, no me gusta. Voy a abandonar la autopista en la salida de antes de estar a su altura.”

    Íbamos de nuevo a una velocidad media, que pasaba desapercibida para no llamar la atención con el 'nuevo' coche,. Delante nuestro, a unos cien metros, estaba una furgoneta verde, igual a cualquier furgoneta de reparto. Acababa de pasar el desvío en el que Fernando posicionaba nuestro coche.

    El desvío a lo lejos bajaba del nivel de la autopista para introducirse por un túnel, que atravesaba por debajo la vía, hasta un bosque cercano en una carreterita comarcal con un sólo carril por sentido.

    Me pareció ver a la furgoneta verde desacelerar y parecía moverse al arcén de la autopista. Desaparecía de mi vista según descendíamos por el carril de salida.

    Miré tranquilo al frente observando la curva que nos introduciría bajo la autopista. Veía como un deportivo rojo de clase media entraba bajo el puente mientras aceleraba, aprovechando seguramente que no habría controles de velocidad bajo el túnel ni en el tramo de carretera comarcal y los árboles impedían multas realizadas mediante satélites.

    Estaba ya haciéndome a la idea que había terminado la mortal persecución, cuando escuché encima mio un derrapar de ruedas. Rápidamente me incliné sobre el asiento para tener más visión por la ventanilla y pude ver la furgoneta saltando sobre el quita-miedos macizo de la autopista, que evitaba que los coches pudieran caer hasta la salida donde nos encontrábamos nosotros.

    — “¡Es un bionte!”
    Dijo Fernando mientras miraba por el retrovisor.

    Pude ver como las ruedas traseras y la mitad de sus amortiguadores estaban extendidos más de medio metro fuera de su posición y se recogían rápidamente. El sistema de amortiguador de las ruedas se había extendido, mientras la furgoneta aceleraba en diagonal hacia fuera de la autopista, para impulsarlo limpiamente por encima del quita-miedos.

    Perdí la furgoneta de vista. Estaba pasando sobre la parte superior de nuestro coche a más de doce metros de altura. Volví a verla, a través del parabrisas frontal, cayendo a veintena de metros delante nuestro.

    La furgoneta, ligeramente inclinada en dirección al túnel, bajaba a toda velocidad cayendo hacia unos metros antes de la curva con los amortiguadores de nuevo desplegados más de un metro.

    Hizo contacto con el suelo y los amortiguadores redujeron la velocidad de caída, sin embargo no amortiguaron suficiente como para evitar que, al finalizar su recorrido, aún bajara a velocidad suficiente como para que se escuchara el fuerte estruendo del chasis golpeando el suelo.

    La furgoneta rebotó alzándose nuevamente casi dos metros mientras avanzaba en el aire hacía el final de la curva. Con el impacto podía notarse visiblemente ladeada hacía fuera de la curva donde había una caía de un pronunciado desnivel.

    — “¡Son los de GALDA!”
    Dijo Fernando y por primera vez se notó un cierto nerviosismo en su voz.

    Mientras tanto nuestro flamante coche azul metalizado había vuelto a acelerar y todos nos hundíamos en los asientos del bionte que trataba de absorber parte de la aceleración que experimentábamos.

    Nuestro coche era mucho más rápido. Para estar a salvo sólo había que tomar la curva los primeros y acelerar.

    Fernando frenó bruscamente poder tomar la curva, pues ya estábamos a tan sólo un metro del comienzo del túnel, a cuatro metros de la furgoneta, que comenzaba a tocar de nuevo el suelo, y a cinco del barranco al final de la calzada.

    La furgoneta estaba enfilada hacia el túnel, pero su inclinación e inercia hacía fuera de la carretera anunciaban que se precipitaría por el barranco si no fuera porque los amortiguadores exteriores, extendidos de nuevo al máximo, se inclinaban también hacia el borde de la curva para absorber el desplazamiento lateral, haciendo parecer al coche patizambo.

    — “Aún sus biocoches no pueden hacer nada contra nosotros. Por suerte ya no los mejoran tan rápido.”
    Dijo Fernando sonriendo y con la voz mucho más relajada.

    Cuando la adelantamos al comienzo de la curva, pude ver como las ruedas de la furgoneta absorbieron el impacto, alineando la furgoneta a la vía y empezaban a girar a acelerar de nuevo. Sin embargo el techo de la furgoneta parecía haberse roto y levantarse de la parte frontal.

    Nuestro coche aceleraba de nuevo a máxima velocidad y la furgoneta verde también aceleraba a su máxima potencia, pero Fernando tenía razón, era mucho más lento que nuestro coche azul.

    — “GALDA sólo tiene un comando por zona y al resto los hemos despistado al cambiar el coche. Cuando les dejemos atrás iremos campo a través en el bosque y les habremos despistado a todos.”
    Dijo Abel recuperando su tono seguro y calmado.

    Ya estábamos adelantando por el carril contrario al deportivo rojo, que había visto antes entrar en el túnel. Pude ver la cara desencajada del conductor viendo como un utilitario adelantaba a su deportivo más fácilmente que si estuviera parado.

    Seguí el recorrido del coche rojo según lo dejábamos atrás, seguí con la mirada los doscientos metros que había de distancia entre coche rojo a la furgoneta, verde que daba la impresión de que aceleraba de cero a cien en tres segundos como un coche de carreras, mientras nosotros acelerábamos como un caza de combate dejándolo pulverizado. Pulverizado como había quedado tras la caída desde la autopista, con el techo destrozado, completamente levantado de adelante a atrás.

    Extrañamente me pareció que a lo lejos la furgoneta se había detenido repentinamente y vi dos figuras de humo que salían del interior de la furgoneta, pensé de algo había reventado.

    Sin embargo las figuras avanzaban hacia nuestro coche. Avanzaban mucho más rápido que la furgoneta. Bajaban y subían sobre la vía a toda velocidad. ¿Qué era eso? ¡No podía ser humo!

    Preocupado agucé la mirada, las figuras habían subido y bajado cuatro veces y estaban ya a poco más de medio camino entre el coche rojo y la furgoneta, mucho más cerca de nosotros. Ya se veían claramente. Eran como canguros marrones de corta estatura y anchas piernas saltando por el pavimento.

    — “¡Biontes de guerra! ¡¡Estos bichos nunca los había visto!!”
    Gritó Abel. Con voz segura pero ahora ya no tranquilizadora.

    Los canguros saltaban a una velocidad que yo nunca vi jamás. BioArmas con… ¿Canguros? Sabía que los canguros tenían un modo más eficiente de desplazamiento que cualquier mamífero, básicamente sus patas funcionan como muelles y usan la potencia del salto anterior para impulsarse en el siguiente. Pero ¿Por qué canguros? Por ejemplo un leopardo era más veloz y aceleraba, hasta mediados del siglo XX, más rápido que un coche de carreras.

    Al siguiente salto cayeron ambos sobre el deportivo rojo y volvieron a salir por los aires más rápido aún.

    Cuando sus patas se levantaron del deportivo, este, que debía ir a cien Kilómetros por hora cuando lo pisaron, estaba completamente detenido.

    Ya lo entendía. Siempre saldrá más rápido un muelle de un coche en marcha pues aprovecha su velocidad. Los pseudo-canguros absorbieron la energía cinética de la furgoneta del mismo modo que habían absorbido la del deportivo parado de cien a cero en un segundo.

    Parecían no estar a más de un salto de nosotros. Tal vez la velocidad punta de nuestro vehículo sería mayor, pero nosotros al entrar en el túnel estábamos prácticamente parados y esos bichos habían acelerado mucho más rápido que nosotros.

    Volvieron a tocar suelo. Podía verlos claramente. Eran como máquinas que parecían creadas para la velocidad en persecuciones por carretera. Sus formidables piernas estaban acompañadas por la ausencia casi total del cuerpo, que los canguros tenían para su digestión y resto de funciones vitales, su cuerpo parecía terminar frontalmente en aristas para cortar el viento. Incluso era aerodinámica su cabeza, excepto por dos carrillos superdesarrolados y dos largos y finos colmillos saliendo por arriba y abajo de la boca. También veía unas extrañas líneas horizontales que salían de su cuerpo.

    Volvió a tomar aire y lo comprendí. ¡¡Eran alas!! ¡Pero no para volar, sino para aprovechar el tiempo en el aire para ganar más velocidad! En el ascenso la posición de las alas hacían que el empuje del viento trasladara movimiento de ascenso en movimiento de avance. Y luego un cambio paulatino de inclinación de las alas hacía lo mismo con el descenso.

    Y a esa distancia podía observar perfectamente las piernas, no eran como las de un canguro dopado, parecían tener músculos que iban contrayendo las piernas como quién aprieta un muelle. Al contacto con el suelo el muelle terminaba de cargarse con la velocidad de descenso y soltaba explosivamente su fuerza en el siguiente impulso.

    Tenían que ser canguros: el leopardo de la dura estepa africana ya había evolucionado casi todo su potencial de carrera de ese sistema de desplazamiento; los canguros, al no haber rápidos depredadores en Australia, no habían necesitado desarrollar más la velocidad. Pero unos ingeniosos analistas le habían introducido modificaciones a la fisionomía de estos dos monstruos para potenciar drásticamente su velocidad.

    — “¿Tienes ya los pinchos instalados?”
    Preguntó Abel, visiblemente nervioso, a Fernando.

    Entonces reaccioné, tal vez fuera mi deformación profesional o las drogas pero sólo había estado estudiando los biontes, no había prestado atención a lo importante:

    Aunque estábamos en un vehículo blindado, Abel me había dicho que no teníamos armas. Esos bichos nos cogerían y parecían tener medios para acabar con el blindaje, y acabar con nosotros.

    Y lo más importante, estaba viendo biontes de GUERRA, biontes prohibidos, con condena por crímenes de GUERRA. Los primeros y únicos se vieron en la 'guerra de los dos días' entre China y Japón, hacía poco menos de un siglo.

    Y ahora estaban en el aire, cayendo a toda velocidad hacia nuestra posición.

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