En el año 2006,de la nada y sin previo aviso, me surgió la necesidad de escribir una historia, sin tener idea por dónde comenzar. En mis adentros y lleno de ingenua confianza, pensaba "Qué tan difícil puede ser escribir una novela?".

Sobra decir que no resultó ser el paseo simple por las estaciones de las ideas sin usar, que imaginé inicialmente y más bien fue la escalada ardua y cansada del Everest de la creatividad, donde acabas feliz de llegar a la meta y cubierto de heridas de guerra literaria.

En mi experiencia, al escribir debes de vivir, sentir, disfrutar y padecer todas y cada una de las emociones, situaciones y dificultades por las que transcurre la vida de tus personajes. Si al momento de escribir, y en sus posteriores lecturas, no sientes alegría por su triunfo ficticio, su miedo ante la adversidad, su dolor o sus heridas emocionales, entonces no estás haciendo un buen trabajo y tu labor será la misma de quien solo toma un dictado.

En 2007 dejé incompleto el primer borrador, por varias razones. El inicio no me convencía, dos escenas me parecían flojas y sin espíritu, pero la razón principal, fue la dificultad para conseguir la publicación de un trabajo que me había llevado aproximadamente un año. Así que mi historia y los personajes que en ella habitan, tuvieron que dormir un largo sueño de 9 años, hasta finales de 2015.

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