Resulta triste no tener nada,
un punto de vista ciego, y el oído.
No obstante pertinente mi causa justa caída,
ahora, aquí, en aquella otra vida, verso que no miente,
acaso sólo en un susurro, principio de mis falsos finales,
tras la causa perdida de una infancia perdida. La infancia,
que no es paraíso ni infierno, que es juego de neuronas
a inventarse historias para engañar al tiempo que hace falta.

Resulta que voy de suspicacias, de miradas asesinas,
miradas que odian un amor no correspondido, tanta tontería
para un sexo que despierta a sacudidas, a saltos de sapo,
rana de las aguas vacías, mentira que parece sonrisa.
Ella cree que estoy en el lado equivocado de la teoría;
siempre me gustó estar entre los buenos,
y aunque la bondad no existe, me maquillo con su gracia
para inventar otro verso en la noche de unos tiempos
vacíos en mi repleta esperanza en la que aún creo.

Si, resulta triste pero que le vamos a hacer;
el poema ya ha salido y ella no lo entiende.