Relato de "Erotismo y desengaño"; disponible en mi página de autor de Amazon.

Las manos, adoro sus manos, viento y agua hecha carne, frías para que mi entrega las calienten; tierna canción que entre los dos elaboramos para el río que lleva nuestras cenizas al mar de los agravios contrastados. Único protagonista de su vida; ahora, aquí en la urbe de los encontronazos, vergüenza desnuda, todo se complica cuando nos dejamos llevar por los humores fatuos de la incomprensión contemplativa, orgasmo para saborear un té que aún está demasiado caliente para llevarlo a sus labios de princesa. Incluso así no me arrepiento de mis actos, aunque si volviese a vivir no los repetiría; soy un hipócrita, lo reconozco, mi discurso no se sostiene, ojala alguna de mis admiradoras logre enviarme un mensaje de socorro en el código Morse de los presuntos implicados; aquí espero con regocijo y templanza mientras la infusión se va templando.
He intentado olvidar. Lo consigo a menudo, lo único que necesito son problemas nuevos para olvidar lo antiguo. Luego apareces de repente, y todo se va al traste. Necesito las fotos, alguna casi la convierto en una pintura surrealista con el reclamo seminal más infantil que un pervertido pueda idear. Soy un maestro de lo ufano, un fanfarrón sin escrúpulos. Pero por increíble que parezca mi petulancia, no te disgusta e incluso te crea una atracción morbosa ante cualquier acto de presencia que este cruel huraño logre realizar.
El discurso se está calentando demasiado, el ladrón ha entrado en tu casa; ha tirado la puerta abajo; hay que llamar a la policía. Pero tú, a duras penas, añades un paso más. ¿Dónde está la utilidad? ¿Para qué sirve la vida si no es para utilizarnos? Otros vendrán después, no les deseo ningún mal, pero las preguntas me asedian. Mi resistencia ya no es numantina; ahora caen todos los muros al menor soplido.
No hay nada; de verdad que no hay nada; la peonza todavía gira, pero algún día tendrá que parar; necesito tu mano amiga: destroza estos papeles que un insensato osó escribir. Libérame de sus garras divulgando mi mensaje de socorro. No, de verdad que no hay nada.
La electricidad carga las pilas del muñeco articulado. Suena la musiquita para deleite de los niños. La modelo desertó del almanaque de mi taller mecánico; todavía quedan muchas posibles; que mis palabras le sirvan de escarmiento. Pienso ganarme la vida de escritor; al menos una parte de ella: la que concierne a mi lado más oscuro, soy el Darth Vader de los escritores acomplejados.
Bebo un poco más de agua; me hidrato a la vez que me despierto a través de la teína, a través del derribo de unas neuronas hormonadas. Desde hace un mes tomo tirosina, me sienta muy bien, mejor que mi cazadora favorita, divago...