Descripción del producto
Un español acomodado llamado Antonio Ferrer se dedicaba a la navegación oceánica a vela y viajaba con la única compañía de su gata Conchi.
Antonio era ingeniero naval y él mismo había diseñado y mandado construir el insólito barco en el que navegaba.
Poco después de iniciado éste relato el velero navegaba por el inmenso Pacífico. El mar estaba en calma y nada presagiaba los extraordinarios sucesos que estaban a punto de acaecer.
Procedente del planeta Argel, situado en Próxima Centauri, a más de cuatro millones de kilómetros del planeta Tierra, llegó un gigantesco crucero estelar en misión de exploración. Un error instrumental en la aproximación les impide orbitar La Tierra, como era su intención en principio, y después de frenéticas maniobras de emergencia, logran estabilizar la nave cuando estaban sólo a 2.000 metros de altura sobre el océano Pacifico.
Allí, además de la inmensidad del mar sobre el que se hallaban, detectaron al yate Conchi que navegaba plácidamente.
El comandante de la nave alienígena argelina decide teletransportar el velero a una enorme bodega de carga, con la intención de examinarlo. Sin embargo un inesperado suceso interrumpe sus planes en el momento más inoportuno.
Inesperadamente aparecieron seis cazas procedentes del portaaviones estadounidense, New York, que navegaba a una distancia de doscientas millas y los había detectado con sus radares aéreos; por esa razón el capitán del imponente buque de guerra había enviado a los aviones, al poco de ser informado del desmesurado eco que aparecía en las pantallas.
Un suceso inesperado dio al trasto con lo que pretendía ser un encuentro informativo y pacifico entre extraños. El intento de comunicación por parte de la nave alienígena tuvo un efecto catastrófico. La señal espacial de alta vibración emitida por los argelinos, magnificada por la densidad de la atmosfera terrestre, actuó como un arma electromagnética y afectó gravemente a los instrumentos de los cazas. Considerándolo un ataque, los aviadores que no perdieron el control y cayeron, dispararon sus misiles y por casualidad uno de ellos, guiado por el calor de un reactor nuclear de la nave, penetró por una de aberturas que permitían el escape de gases del navío interestelar e impactó contra las pértigas de cadmio que regulaban la fisión. Ello causó una reacción nuclear incontrolada y el gigantesco propulsor secundario estalló. Los efectos destructivos de las agrandadas explosiones en cadena, alcanzaron un radio de 20 kilómetros y tanto la nave como sus atacantes se volatilizaron.
Ese desafortunado suceso coincidió casi exactamente en el tiempo con el intento de teletransporte del yate por parte del oficial argelino. Cuando los efectos de la enorme explosión se disiparon, sobre el Pacifico quedaban algunos restos de la desintegrada nave espacial y de los desmenuzados aviones, pero no existían vestigios del yate que poco antes había allí navegando.
Desconocedor de lo sucedido e inexplicablemente indemne, Antonio, dio comienzo a su rutina diaria en cuanto amaneció. Pronto comenzó a notar que nada era como debía ser y ninguno de sus sistemas de posicionamiento y comunicación funcionaba. Lógicamente ignoraba que por un inverosímil azar, había sido teletransportado a un planeta llamado Izaro, el cual orbita la estrella Alfa-3, dentro de la nebulosa de Omega.
Antonio pronto tiene su primer encuentro con los nativos de ese Mundo, (humanos como él), y ahí da comienzo una historia absorbente.
Traiciones, asedios, batallas, asesinatos, odios, ****, torturas, ejecuciones, confabulaciones, momentos de felicidad, junto con situaciones inverosímiles, se darán en los años siguientes, en los que Antonio aprende a sobrevivir y a sobresalir en una cultura, en cierto modo familiar, a la que no tiene más remedio que adaptarse.