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Tema: Relatos con trasfondo de Infinity

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    Relatos con trasfondo de Infinity

    Buenas, me animo a poner aquí unos relatos cortos que comenzaron como un pequeño trasfondo para un ejercito de Infinity (http://www.infinitythegame.com/infinity/es/ más información). Tras el relatito me picó un poco la afición de escritor y cada vez que tengo un rato intento darle unas vueltas a una serie de relatos que voy publicando.

    Por favor, acepto cualquier tipo de crítica que me ayude a mejorar la escritura y narración. Bueno, todo en general. Un saludo y espero que disfrutéis de estos relatos.


    Regimiento Inferno.

    (El primer relato es el que escribía como trasfondo de la unidad, los otros dos eran para cerrar la trama)

    Las puertas del Infierno

    La taberna estaba abarrotada, la música sonaba y animaba el ambiente hasta el punto de que los borrachos no resultaban molestos. Repentinamente las luces se apagaron.

    Alexander se despierta abrazando su fusil, el sueño le había vencido. Su cara esta sucia y demacrada por el sueño, su uniforme no mucho más sucio, esta remendado en numerosos puntos. A sus oídos llega el tableteo de una ametralladora y el impacto de balas en un muro cercano. Su cansada vista mira al puñado de supervivientes de su regimiento, sus ojos comienzan a cerrarse nuevamente.

    Las calles son un completo caos, hace tiempo que las alarmas ya no suenan, pues son innecesarias. Toda la ciudad está en llamas y las explosiones se suceden. Algunos hombres empuñan las armas, comienzan a aparecer las primeras barricadas.

    Un ruido prácticamente imperceptible suena en la noche. Alexander despierta nuevamente de su sueño, el infierno que ha vivido en pocos días ha desarrollado enormemente sus sentidos. A su alrededor sus camaradas toman posiciones lentamente y en silencio, nadie da órdenes, todos saben que hacer.

    Un soldado lanza una bengala, de repente la noche se vuelve día y el infierno se desata una vez más. Las armas tabletean, granadas y otros proyectiles explosivos impactan cerca de su posición. La cabeza de un soldado desaparece convertida en una sanguinolenta pulpa. Un silbido hace que Alexander se cubra, un proyectil estalla endemoniadamente cerca. Los oídos le pitan y tiene la vista nublada, mientras se recupera ve a un soldado tratando de introducir sus tripas de nuevo en su interior, cuando recupera el odio, escucha su desesperada voz llamando a su madre. La onda expansiva de una nueva explosión lanza a Alexander por los aires, su vuelo acaba abruptamente al golpearse de nuevo contra una pared, perdiendo el sentido.

    Por fin truenan los cañones antiaéreos, iluminado los cielos con sus balas trazadoras. Mientras Alexander pone a punto su fusil, parapetado tras una barricada, los primeros enemigos comienzan a desembarcar para establecer su cabeza de playa. Algo agita fuertemente su hombro…

    Un barbudo cosaco se encuentra frente a él, agitándole enérgicamente para que despierte. Reconoce en su uniforme la insignia de médico. Tras examinarle rápidamente y hacerle preguntas sobre cuando perdió la consciencia le venda la cabeza y pasa a atender al siguiente herido. Su vista recorre el improvisado campamento… o lo que queda de él. Heridos de todas clases, algunos más apartados del resto. Son los más graves, los que morirán en pocas horas.

    En medio del campamento se planta el Teniente Reznov, tiene media cara vendada y un brazo entablillado, su uniforme deja adivinar más vendajes debajo. Su voz truena entre los hombres.

    - ¡Camaradas! ¡Hermanos! Habéis luchado bien en este infierno desde que comenzó la invasión, por fin las comunicaciones han sido restablecidas. El enemigo ha asaltado el planeta en varios puntos. Algunas ciudades han caído, otras han resistido. No obstante parece ser que la peor parte ha recaído sobre nosotros, dado que no esperaban una gran resistencia esos malditos panocos nos han tirado toda la mierda que tenían ¡y no han conquistado la ciudad! Gracias a nuestra tenacidad la principal cabeza de playa panoca se tambalea, solo hemos de resistir unas pocas horas más mientras el grueso del ejercito llega. Una vez lleguen, recibiremos un mes de permiso a contar a partir del alta médica. Pero hasta entonces debemos resistir. ¡Por Ariadna! ¡Por la libertad!

    Una aclamación se alza por toda la tropa, no parece que sus heridas les duelan. Reznov se acerca a los soldados uno a uno charlando con ellos y asegurándose de que tengan la moral alta, hasta llegar a Alexander.

    - ¿Cómo te encuentras muchacho? –Pregunta Reznov.

    - Bien mi teniente.-Responde Alexander.- Pero… ¿Podremos resistir un nuevo asalto?

    El Teniente Reznov le mira a los ojos decidiendo si decirle la verdad o no. Finalmente responde.

    - Ponte en paz con tu dios, dudo que sobrevivamos un asalto más. Pero debemos resistir hasta que lleguen refuerzos.

    - Por Ariadna.- dice simplemente Alexander aceptando su inminente final.

    - Por Ariadna.- Asiente Reznov.


    *********

    Deus Ex Machina I

    Alexander estaba refugiado entre dos paredes medio derruidas. Contra una de ellas estaba apoyado su fusil. Se encogió todo lo que pudo para resguardarse del viento helado que tantos estragos estaba causando en la moral de ambos bandos.

    <> pensó mientras daba un trago a la cantimplora de vodka que Robbek le había pasado, mientras sentía como el frío desaparecía de su cuerpo le pasó la cantimplora a Natasha.

    SS Lancelot. Orbita de Ariadna. 71h después de la invasión.

    Un suboficial sigue a un comandante mientras le resume el informe de los hechos.

    - Las principales ciudades clave han caído, la cabeza de playa está casi asegurada. Y los informes climatológicos informan que se acerca un invierno prematuro.

    - ¿Casi?

    - Aún hay importantes focos de resistencia en Kheldargrado. Esperamos que caigan en unas 48 horas.

    - ¿Y qué hay allí?

    - Poca cosa, una bifurcación. La carretera del norte se dirige a un puente.

    - ¿Y la otra carretera?

    - Se dirige a las montañas. Mire.

    El suboficial muestra en el holograma táctico Kheldargrado y sus alrededores. Una autopista sale de la ciudad hacia el norte, hasta un puente. Una carretera poco transitada se dirige hacia el oeste, entre bosques y montañas.

    - El puente debe ser asegurado –comenta el comandante-, no voy a permitir que los ariadnos vuelvan a dejar Panoceania en mal lugar, necesitamos establecer una sólida posición defensiva. Si no tomamos ese puente, lo usaran de punta de lanza en su contraofensiva y con el invierno encima, corremos el riesgo de quedarnos en una posición muy frágil. Envíen la caballería, la ciudad debe caer antes del amanecer.

    Kheldargrado. Ariadna. 73h después de la invasión.

    - ¡Vamos muchachos! Son solo un puñado de chatarras andantes, pronto llegarán nuestros camaradas. –Arengaba Reznov a las tropas mientras se parapetaba en los restos de una barricada.

    - ¡Ja! Eso mismo dijiste hace 2 días y solo apareció un puñado de reclutas.- Dijo Robbek.

    - Y todavía nos debes un mes de permiso y más vodka del que te puedes permitir con tu paga de teniente.- Añadió sonriente Natasha despertando la risa de todos.

    - ¡Ya está bien de quejas! Alexander, coge al bocazas de Robbek y la “simpática” Natasha. Flanquea nuestra posición y acaba con esa chatarra. Nosotros atraeremos su fuego.

    - Sí señor. Rob, Nasha. Vamos.

    - ¿Listos para salir? ¡Cubridles!

    El trío se coló por una callejuela llena de escombros mientras Reznov y lo que quedaba de sus muchachos, abrían fuego sobre la posición de la unidad de caballería mecanizada.

    El paso era lento y difícil entre tanto escombro. En un momento dado se introdujeron en uno de los edificios a través de una brecha. El interior era una completa ruina. La mayoría de los tabiques habían desaparecido o tenían grande boquetes por los que se podía pasar. En muchas habitaciones los suelos se abrían hacia los sótanos entre trozos de cemento y hierros retorcidos. Los muebles estaban hechos astillas y todo estaba decorado por impactos de distinto calibre y alguna mancha sanguinolenta.

    Al entrar en los despojos de una tienda de ropa, encontraron con que el techo se había caído y algunos de los habitantes de las viviendas superiores estaban desparramados por los escombros. Pasaron con el cuidado y el respeto que pudieron, a través de los cadáveres hasta el destrozado escaparate. Al otro lado había dos unidades mecanizadas vomitando fuego sobre la posición de Reznov.

    - Mierda, dos chatarras.- Susurró Natasha.

    - Nasha, tu encárgate del de la derecha con el lanzamisiles. Rob, dispara a los pies del de la izquierda con la ametralladora, yo intentaré inutilizar su sistema óptico. A mi orden.

    Natasha alzó sigilosamente su lanzamisiles sobre su hombro derecho y con cara seria apunto sobre la unidad más cercana. Mientras tanto Robbek apoyó su ametralladora sobre su cadera a la espera de la orden.

    -Cuando quieras Alex.- Dijo.

    Alexander apuntó con sumo cuidado su fusil.

    -¡Fuego!

    El misil de Natasha voló directo a su objetivo destruyendo el tronco del robot y dejando las extremidades sueltas e inútiles. Robbek a su vez abrió fuego a la altura de las rodillas de la segunda armadura causando daños en la pierna izquierda. Mientras tanto una certera ráfaga de Alexander causó grabes daños en su sistema óptico.

    Los tres se refugiaron mientras la armadura ciega acribillaba su zona. Repentinamente cesó el fuego.

    - ¡Seguimos avanzando! -Les gritó Reznov al pasar junto a su posición. Nos dirigimos al oeste.

    - Señor, la autopista del puente está al norte.- Dijo Alexander.

    - Ya lo sé y nosotros vamos al oeste. Moved vuestros malditos culos los tres.

    *********

    Deus Ex Machina II


    El pelotón se hallaba bloqueado en las ruinas de una antigua taberna. A dos calles de distancia se encontraba un control panoceanico bloqueándoles el paso. A cuatro calles se encontraba la salida de Kheldargrado hacia las boscosas montañas.

    El plan ya había sido trazado, cada hombre estaba en su puesto. Reznov hizo una señal a Natasha, esta alzó una vez más su lanzamisiles. En la recámara el ultimo proyectil que la quedaba. Tres fusileros y una unidad de caballería mecanizado, un solo misil. Rezo lo que supo, lo que su madre la enseño de la religión que adoraban sus antepasados en la Tierra. << ¿Cómo era? Padre nuestro que estas en los cielos… o algo así. Haz que este pepino vuele recto y les reviente el culo a esos malnacidos. Amen. >>

    Durante unos segundos nadie respiro, gritos de alarma sonaron desde el control. Demasiado tarde, la unidad de caballería voló destruida. Un pedazo decapito a un fusilero. Otro, a escaso metro de la unidad, calló inconsciente por la onda expansiva, sufriendo graves heridas en la cara. El último se encontraba cegado por la sangre de su compañero decapitado, no vio venir al teniente Reznov, que ni siquiera gastó munición. Calló borboteando sangre del cuello, un cuchillo goteaba a su lado.

    - Moved esos tristes culos de maricas, esto ha sido como la campana del recreo.

    Tenía razón, no tardaron en aparecen delante suyo un buen número de soldados panoceanicos. Robbek alzo su HMG y avanzo disparándola, mientras en su garganta sonaba una risa maníaca. Su arma disparaba sin cesar semillas de muerte, que germinaban en las calles en forma de soldados destrozados. Repentinamente su arma se encasquilló.

    - Mierda de arma.-dijo mientras trataba de repararla.

    Robbek alzó la vista y frente a él vio un soldado enemigo alzando su arma. Tiró la ametralladora, dirigió sus manos a la cartuchera de su pistola. Muy lento, el enemigo ya lo tenía a tiro. El tiempo se detuvo, el campo de batalla se silenció. Iba a morir. Del silencio pareció oír dos disparos, ruidosos, estruendosos. Cerró los ojos, oscuridad.

    No pasó nada, abrió los ojos. Enfrente de él había un cadáver, con media cara destrozada. Robbek miró a tras y vio a Alexander bajando su arma y avanzando. No había tiempo que perder, recogió la HMG, ya habría tiempo de desencasquillara.

    El regimiento, apenas ya un pelotón, siguió corriendo, sin mirar atrás y solo muerte delante. Si se detenían a por los heridos ninguno sobreviviría. Era el infierno y ellos ya no eran humanos.

    La ciudad llegaba a su fin, se acercaban a la carretera que se internaba en los bosques y subía la montaña. A Alexander le ardían los pulmones de tanto correr, de no dormir en días. Delante de él iba Natasha, cargando todavía el lanzacohetes. Hasta que repentinamente se para. Alexander alzó la vista, no podía creer lo que veía. Allí estaba salido de la nada, como caído del cielo… los muy cerdos habían enviado un cutter.

    El corazón la latía a mil por hora, frente a ella el cutter alzó su arma… y disparó. Natasha sintió un empujón y una dolorosa punzada en su mejilla izquierda, el proyectil la había hecho un corte en la mejilla, a su lado un cuerpo se desplomaba en la otra dirección.

    - ¡Alexander!.- Gritó.

    - Estoy bien, me he tirado al otro lado. La bala no me ha dado.

    Todo el grupo se puso a cubierto, cada cual donde pudo. No podían pasar, el cutter les cortaba el paso, estaban tan cerca de la salida. Si tan solo desapareciese… Alexander tubo una idea, le pidió a Natasha las granadas que le quedasen y las ato con las suyas. Se acercó con cuidado a otro soldado, esquivando de milagro las balas y repitió la operación.

    - ¡Teniente!.-Gritó- Prepárese para correr.

    - ¿Qué piensas hacer maldito loco?

    - Abrir paso. ¡Rob, cúbreme!

    Antes de que nadie pudiese añadir una palabra salió de su cobertura y cargo en zigzag contra el cutter mientras Robbek entorpecía lo máximo posible sus sensibles sensores.

    - Demonio de muchacho. ¡Moveos, todo el mundo fuera y corriendo a paso ligero! ¡Alexander, te esperamos en el bosque!

    Alexender se acercaba al cutter, los pulmones le ardían, el sudor le cegaba, los pies le pesaban toneladas. Finalmente llego a su destino, hizo que el cutter mantuviese su atención en él y quitó todos los seguros de las granadas. En su mente la única noche de paz desde que comenzó la guerra.

    Nadie miró atrás todos corrían hacia el bosque, ya no había edificios, solo carretera. Finalmente escucharon un estallido, Robbek soltó una maldición y Natasha apretó los dientes, pero no dijo nada. Siguieron sin mirar atrás.
    Corrieron y corrieron hasta que no pudieron más, dejaron una señal y se internaron en el bosque mientras el sol se ponía. Finalmente Reznov dio el alto.

    - Descansaremos aquí esta noche. Haremos turnos de guardia. Descansad bien porque mañana nos toca subir la montaña.

    Reznov no durmió en toda la noche, Robbek y Natasha tampoco. Natasha no dejó de recordar el día en el que se unió a aquel grupo de pobres diablos, el día que conoció a Alexander y aquella noche. Un sanitario la trató la herida de la mejilla, dejaría cicatriz.

    Llego el alba, pero no Alexander.

    Y Natasha lloró.

    FIN

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    Re: Relatos con trasfondo de Infinity

    Fantasmas del Bosque

    (Esta es la serie actual de relatos que estoy escribiendo. Es una continuación de los anteriores, meses después de abandonar la ciudad.)

    Prólogo: Fogatas

    El teniente Reznov estaba haciendo su ronda. En torno a diminutas fogatas que apenas expulsaban humo, sus hombres dormían acurrucados en sus maltrechos sacos de campaña. Los sucios rostros estaban demacrados por las penurias de sobrevivir tras las líneas enemigas por más de cuatro meses.

    Cuatro largos meses de guerra de guerrillas en el bosque agotan a cualquiera. Los guiñapos que había ido recogiendo los estaban soportando increíblemente bien.

    Víctor resopló al recordar el ataque sorpresa sufrido al inicio de la guerra con Panoceania. Se apoyó contra un árbol y se encendió un pitillo, liado a partir restos de otros pitillos que se iba guardando, antes de continuar su ronda.

    Robbek dormía a pierna suelta, quizás el único de todos ellos que aún era capaz. A su derecha, a mano, tenía su HMG, “requisada” hace meses a un cadáver panoco. Como todas sus armas, las cambiaron una vez que se les acabó la munición para sus armas de manufactura Ariadna.

    Siguió su ronda.

    Al pasar junto a un grupo de soldados (dos cosacos con uniforme básico y un usariadno con uniforme de foxtrot), que charlaban en voz baja junto a la hoguera, mientras compartían una botella de licor. Uno de ellos le llamó.

    - Teniente. Usted es un veterano reconocido, ¿puede contarnos algo?- Dijo mientras le tendía la botella.

    Reznov rechazó la botella mientras colgaba al hombro su combirifle “requisado” para remangarse el brazo derecho. Quedó al descubierto una fea cicatriz que se enroscaba por medio brazo.

    - Un alien casi me deja sin el brazo bueno en Paradiso. Ahora dejen de beber y descansen un poco.

    - Siseñor.- murmuraron los soldados atropelladamente.

    No hubo más palabras, cualquier gana de festejo había desaparecido. No había lugar en toda la esfera que no supiesen de Paradiso y lo que allí pasó hace 20 años. Si el teniente había sobrevivido a eso, era realmente duro.

    Víctor avanzado ensimismado en sus recuerdos. Amigos perdidos, horrores presenciados… Estaba tan metido en sus pensamientos que casi tropieza con la humeante cacerola que tenía Natasha sobre un fuego.

    - ¡Teniente! Tenga cuidado.- fue ligeramente reprendido por la mujer.

    - ¿Pero qué diablos estas cocinando, Nasha? Huele peor que un wulver mojado.

    - Nada señor. Solo es un poco de napalm casero. Requisé un par de ingredientes y útiles en nuestra última fiesta.

    - ¿No es peligroso?

    - Mucho, señor. Por eso me he alejado del campamento.-respondió Natasha con una sonrisa.

    El teniente sacudió la cabeza. Alejar a esa mujer de sus bombas era como evitar que Aquiles cortejase a una mujer. Sencillamente imposible.

    - Tenga cuidado, soldado. Si muere e incendia el bosque, pienso perseguirla hasta el mismísimo infierno, solo para someterla a un consejo de guerra y ahorcarla.

    - Sí señor. Tendré cuidado, señor.

    Natasha hizo un amago de cuadrarse y saludó desde el lugar en el que vigilaba el fuego mientras Víctor se alejaba del lugar, hacia el perímetro del campamento.

    Dio la última calada a su cigarro y lo apagó con cuidado, para volver a guardar la colilla en un bolsillo de su maltrecho uniforme, mientras maldecía la escasez de tabaco.

    Observó atentamente a su alrededor. El irregular terreno boscoso los envolvía. Los árboles se alzaban hacia la bóveda celeste, ampliamente iluminada por las estrellas. Los árboles del planeta eran una raza magnífica, nobles como robles, altos como secuoyas y fragantes como pinos. Se extendían por kilómetros en todas las direcciones, protegiéndoles de las tropas enemigas, más preparadas para entornos urbanos. Daba la sensación de que el propio planeta protegía a los ariadnos, como si fuesen hijos suyos, evolucionados desde los albores de su formación. Víctor dio unas palmaditas a uno de los árboles.

    - Pronto volverá la paz.- Susurró.

    Cuán equivocado estaba.


    ----------------------------------------------


    Capítulo 1 - Salvaje


    John iba murmurando entre dientes.

    - Únete a los fusileros decían. Verás mundos decían. Pues he acabado en este podrido e infecto mundo plagado de bosques y montañas buscando yo qué sé.

    - ¡Silencio en la vanguardia!

    Le llegó desde algún punto del pelotón de la patrulla. Aunque en su fuero interno seguía pensando en lo que le haría al oficial de reclutamiento cuando regresara a Sídney.

    Llevaban más de dos semanas patrullando esos bosques. Ningún superior les habían dicho que buscaban, pero todos conocían las historias que, sin éxito, las autoridades intentaban silenciar. Historias sobre patrullas muertas, cosidas a balazos o degolladas.

    <<En estos bosques siempre parece que hay alguien vigilando>> pensó sin saber cuánta razón tenía. Aunque no era quien él esperaba.

    McMillan acechaba a sus presas si perder detalle. El aire traía el hedor de la patrulla panoca. Aun en una hipotética ceguera, aquél olor habría bastado para guiarse a su presa.

    Finalmente la patrulla llegó al punto de la emboscada y McMillan se lanzó sobre sus presas por detrás.

    ***

    Algo andaba mal, John lo sentía. Era el instinto que con tanto ahínco el instructor les había introducido a base de putadas. Esta vez le olía a putada de las gordas. Quizás más… bestia.

    El grito de Tom desde la retaguardia confirmó sus sospechas. Toda la patrulla, como un solo ser, con movimientos mecánicos y precisos, se giró y buscó cobertura mientras abrían fuego sobre la amenaza.

    Fue en vano. Aquella bestia se movía veloz. Con la boca, llena de afilados colmillos, completamente inhumanos, rezumando sangre pasó a la siguiente posición. De un golpe de sus garras arrebató la magra protección del pecho de su oponente, en el mismo movimiento, como si fuera una danza, desenfundó con su mano derecha la espada de tesseum que llevaba a la espalda y lo decapitó. Cuando la lluvia de balas arrasó la posición, tan solo encontró un cuerpo sin cabeza.

    John bajó su arma. Su psique se encontraba en un estado intermedio entre el shock por aquella matanza y una genuina admiración por la bella, pero macabra, danza de aquel ser salido de terroríficas pesadillas. Simplemente no podía dejar de observar.

    Y no era el único.

    ***

    McMillan bailaba la danza de la muerte, sentía el éxtasis del combate combinado con una sed de sangre animal. Cuando despachó al cuarto fusilero, un oficial sin duda, una bala por fin dio en el blanco y provocó un profundo corte en si musculoso brazo izquierdo. Aprovechando la inercia del proyectil, lanzó su espada hacia el fusilero que le había disparado. Enterrando profundamente la afilada hoja en su pecho.

    ***

    John vio caer a su compañero. Borboteando sangre por la boca. Algo metálico sobresalía de su pecho. Embobado, giró la cabeza y vio como la muerte se precipitaba, velozmente sobre él.

    Un fuerte golpe en su pecho lo derribó, a la par que sanguinolentos surcos se abrían en su peto. Cerró los ojos esperando el golpe mortal que lo sumiría en el sueño del que nadie despierta.


    ***

    Su presa se encontraba completamente a su merced. El éxtasis de muerte de sus enemigos embriagaba todos sus sentidos, embotándolos. No lo olió hasta que estuvo demasiado cerca. Su fino olfato captó un asqueroso olor acre a tabaco requemado. Y aun así, costaba distinguirlo e los olores del bosque. Sus orejas lupinas captaron un clic a su espalda. Era el sonido del seguro de un arma al retirarse.

    - Ni se te ocurra hacerle daño. Ahora date la vuelta, muy lentamente y las… garras donde pueda verlas.
    Pocas cosas podían detener a McMillan en la batalla, pero la estupidez no era una de ellas. Se giró lentamente, encarándose a su oponente. No estaba solo, otros se movían a su alrededor, saliendo del bosque.

    A pesar del enfado que sentía por la agresión, no pudo evitar maravillarse. Se movían como si fueran parte del bosque. No eran silenciosos, pues el bosque nunca calla. No camuflaban su olor, lo añadían a los olores del bosque. Eran espíritus del bosque y estaban a su alrededor, donde instantes antes no estaban.

    - Buena presa teniente. ¿Cree que lograremos sacarle información al panoco?- Dijo una mujer con una cicatriz en la cara y una bandana repleta de lo que parecían ser bombas caseras.

    - Sí ¿pero qué haremos con el chucho?- Añadió un hombre corpulento.

    McMillan gruño ante semejante insulto y se dispuso a saltar sobre su oponente. El hombre con olor a tabaco se anticipó alzando con movimiento descuidado su arma hacia su cabeza. Era ese movimiento que te indicaba que tus sesos iban a repartirse por los alrededores si te movías.

    - Un respeto Robbek. Estoy seguro que podemos ser amigos, sobre todo teniendo en cuenta que rondamos el mismo vecindario. Dinos, ¿cuál es tu nombre?

    - McMillan, Fiona McMillan. Del Seveth Wulver Grenadiers. Y única superviviente.

    - Bien, Fiona, yo soy el Teniente Reznov y estos son mis muchachos, recogidos de aquí y de allí. ¿Te gustaría matar panocos con nosotros?

    - ¿Tengo elección?

    - De momento no. François, coge al prisionero.

    Un merovingio, con un desgastado y ligeramente remendado uniforme de chasseur, se acercó al hombre en shock, lo maniató y le ayudó a ponerse en pie. Todo bajo la atenta mirada de Víctor y se dirigió al a wulver.

    - Como puedes ver somos muy variopintos. Ya era hora de tener representación caledonia.

    Dicho esto Víctor puso el seguro a su arma y se dio la vuelta, repartiendo órdenes para apertrecharse con los cadáveres.

    Ya nadie vigilaba a Fiona, pero esta no intentó nada contra el hombre que la había amenazado. Aquella manada la fascinaba sobremanera. Recogió su espada, la limpió y volvió a enfundarla en la vaina de su espalda.

    ***

    El General Jenkins contemplaba Kheldargrado desde la ventana de su oficina en su cuartel general. Cuadrillas de trabajadores ariadnos desescombraban la ciudad, las calles ya habían sido completamente despejadas y eran aptas para la circulación de los diferentes vehículos de transporte. Sobre su mesa descansaba un informe sobre el último atentado de la resistencia. Pensaba en el número adecuado de sospechosos que debería ejecutar para dar una lección de intransigencia ante esos ataques.

    Su mirada paseó sobre los marchitos jardines del hospital de campaña hasta que sus ojos se toparon con un hombre en silla de ruedas cubierto de vendajes. Hacía meses que se recuperaba de sus lesiones, era el único ariadno entre los heridos. Ya casi se había recuperado y en breves comenzarían a retirarle los vendajes. Sólo le habían sonsacado nombre y rango, pero ya hablaría. Tenía hombres capaces que se encargarían de ello.

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    Re: Relatos con trasfondo de Infinity

    Capítulo 2: Interrogatorio

    El campamento bullía de actividad. Aquí y allí los soldados charlaban animadamente mientras llevaban a cabo sencillas operaciones de mantenimiento de equipo. Afilaban sus cuchillos, limpiaban superficialmente su ropa y ellos mismos. En una hoguera humeaba un enorme perol con un estofado de una especie similar al jabalí, autóctono de Amanecer con varios tubérculos y verduras silvestres.

    En una esquina alejada del campamento se encontraban dos soldados montando guardia. Tras ellos Victor y Robbek junto a otro cosaco, ligeramente más atrás de los otros dos, observaban a un hombre sobre una silla con uniforme panoceánico y maniatado.

    Robbek sujetaba un puño americano. Un destello surgió del pulido metal mientras una gota carmesí se precipitaba manchando la verde hierba.

    -Lo preguntaré una vez más. ¿Cuál es vuestra ruta de transporte?

    El teniente cosaco recibió la callada por respuesta. Hizo un gesto con la cabeza a Robbek, quien asestó un brutal golpe a un lado de la boca del prisionero.

    John sintió un agudo dolor en su mandíbula, pero resistió el impulso de gritar. Era un orgulloso fusilero de Panoceanía. Escupió la sangre que le llenaba la boca, arrastrando con ella un par de dientes. Haciendo un esfuerzo, entornó el ojo derecho hacia el teniente cosaco. Ni se molestó en intentar mirar también con el izquierdo, hacía tiempo que la hinchazón se lo había cerrado, dejándole temporalmente ciego de dicho ojo. El dolor de los dientes rotos le hacía olvidar temporalmente el de la nariz, seguramente también rota. Dios, no quería saber cuál sería su aspecto en esos momentos.

    -No te hagas el duro muchacho. No somos malas personas, ni animales. Simplemente carecemos de mejores medios en estos momentos. Terminarás hablando, hazte un favor y ahórrate el dolor.

    Nuevamente silencio.

    -Está bien. Keletchenko, ocúpate de sus heridas.

    El cosaco que se hallaba detrás se aproximó al prisionero. Era un hombre con una barba espesa y unas desgastadas gafas. Tenía aspecto de intelectual más que de soldado y llevaba un sucio brazalete blanco con una descolorida cruz roja en uno de sus brazos.

    -Joder, Victor, te has pasado un poco.-Dijo el sanitario.

    -No tengo tiempo para esto Keletchenko.

    -¿Pero te has planteado siquiera si sabe algo?

    -Es un panoco, todos saben algo. Si es relevante o no, lo decidiré yo.

    Tras la breve discusión el sanitario trató las heridas del fusilero. Le enderezó la nariz provocando un gruñido de dolor de esté y le cosió numerosos corte producidos por los brutales golpes de Robbek. Cuando acabó se acercó a Reznov nuevamente y le habló en voz baja.

    -Le estáis dando muy duro. Deberíais darle unos días de descanso.

    -No me lo puedo permitir.-respondió este- Necesitamos saber cuanto antes sus rutas de transporte. Cada día que pasa se internan con equipo más preparado en los bosques, a este paso no podremos hacerles frente como hasta ahora.

    -Por lo menos prométeme que le dejaréis tranquilo si decido que sus heridas son graves.

    El Teniente Reznov le miró fijamente a los ojos.

    -Está bien, tú procura que no se muera hasta que le saquemos algo.

    El doctor asintió. Mientras Reznov le daba la espalda para continuar el interrogatorio comenzó a cavilar y su rostro adquirió una expresión reflexiva y ausente.

    -Victor… ¿puedo sugerirte otro método de interrogatorio?

    ***

    Fiona y Natasha se encontraban sentadas sobre unas cajas, frente una rudimentaria mesa. La cual se encontraba repleta de vasos vacíos y a su alrededor numerosas botellas de vodka en igual estado. Alzaron sus vasos y tomaron el contenido de un largo trago mientras un corrillo de espectadores las animaba.

    El dinero cambiaba continuamente de manos a medida que los soldados hacían apuestas sobre quién se desmayaría primero, o si alguna caería esa ronda. Hasta que irrumpió un cosaco con armadura e insignias de TankHunter.

    -¡Fiona!-Miró a la wulver con ojo crítico.- Tomate un café cargado, una baño frío y preséntate ante el Teniente.

    Dicho esto dio media vuelta y se fue dejando atrás el grupo en silencio.

    -Manda gggüevoshhh-.- dijo Fiona.

    -Eshtas muy borrracha, she dice huevosh.- replicó Natasha

    -Esssto no ha acabado.- declaró la wulver mientras se levantaba. Tubo que ser sujetada por varios compañeros al tambalearse hacia atrás.- Mañana. Te. Tumbaré.

    -Que te lo hasss crreido, cashorrita.

    Fiona se fue con la poca dignidad que le permitía el alcohol mientras la cosaca se reía en su sitio… hasta que perdió la estabilidad y se calló hacia atrás aún riendo.

    ***

    Con la mente más despejada, Fiona llego ante los dos guardias, con la voz más pausada y centrada que pudo dijo:

    -El Teniente me está esperando.

    Sin responder estos la dejaron pasar, Robbek fumaba un puro a un lado mientras Victor charlaba distraídamente con Keletchenko. Consciente de una nueva presencia John alzó la cabeza. Su único ojo sano salió de su órbita, incluso se le abrió ligeramente el otro.

    -¡No por favor! ¡La bestia no! Diré lo que sea, pero por lo que más quieras, ¡que no se me acerque!

    Victor sonrió, mientras con una seña indicó a la caledonia que se aproximará al prisionero.

    Fiona estaba disfrutando de lo lindo, quizás fuera por el alcohol, quizás por el instinto animal de ver una presa acorralada. Seguramente por ambas razones.

    -¡No te acerques más! Por favor contaré hasta lo del prisionero.

    El teniente cosaco se puso repentinamente serio.

    -¿Qué prisionero?

    Capítulo 3: PROXIMAMENTE.

  6. Los siguientes usuarios le agradecieron a Jandrus por Post util:

    Me! (11/06/2013)

  7. #4
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    Re: Relatos con trasfondo de Infinity

    Alexender se acercaba al cutter, los pulmones le ardían, el sudor le cegaba, los pies le pesaban toneladas. Finalmente llego a su destino, hizo que el cutter mantuviese su atención en él y quitó todos los seguros de las granadas. En su mente la única noche de paz desde que comenzó la guerra.

    Nadie miró atrás todos corrían hacia el bosque, ya no había edificios, solo carretera. Finalmente escucharon un estallido, Robbek soltó una maldición y Natasha apretó los dientes, pero no dijo nada. Siguieron sin mirar atrás.
    Corrieron y corrieron hasta que no pudieron más, dejaron una señal y se internaron en el bosque mientras el sol se ponía. Finalmente Reznov dio el alto.
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