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Infografía: Stephen King
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10 abril 2013 - 00:09
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SirValo;126606 said:
Me los apunto para el verano, que con opos, máster y escuela de idiomas, no tengo demasiado tiempo. Gracias por la recomendación.

Opositas para profe de primaria?

Recuerdos a los del x10 y a los del s2

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10 abril 2013 - 03:38
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IT es mi primer libro de S. King, pero se me ha hecho dificil leerlo
porque no tengo mucho tiempo por mi practica y native y clases y trabajos, y certamenes ahhhhhhhhhhhh Cry

pero me está gustando bastante, cuando termine de leerlo les diré si lo recomiendo como primer libro

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10 abril 2013 - 18:21
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tarzerixx;126661 said:
Opositas para profe de primaria?

Sí, en eso andamos, estudiando los ratillos que tengo. Al final, anoche, me decidí por meter la Larga marcha en el Kindle y lo empecé anoche. El primer capítulo me resultó fácil de leer, y me dejó buenas sensaciones. Yo también me planteé la velocidad de los 6,5 klm/h. Esta noche le dedicaré otro ratito.

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28 mayo 2013 - 11:15
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Ya está completo con la serie de la Torre Oscura

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28 mayo 2013 - 11:18
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Madre mía que galimatías!!

Esta currado de verdad!

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28 mayo 2013 - 11:34
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Bah, esperaba una infografía interactiva. De ese modo al poner el cursor sobre una línea naranja te resaltaría todas las relaciones.

Ahora en serio, la autora dice que realizar esto es como si fuese su cuarto hijo (hacerlo lleva menos tiempo, trust me)

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28 mayo 2013 - 12:04
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torgar;134492 said:
Bah, esperaba una infografía interactiva. De ese modo al poner el cursor sobre una línea naranja te resaltaría todas las relaciones.

Ahora en serio, la autora dice que realizar esto es como si fuese su cuarto hijo (hacerlo lleva menos tiempo, trust me)

lleva menos tiempo hacer la infografía o el hijo?
XD

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28 mayo 2013 - 12:39
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Me!;134495 said:
lleva menos tiempo hacer la infografía o el hijo?
XD

¿A quién se lo preguntas? Porque hay algunos por el foro... algo tendrán.→_→
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17 junio 2013 - 22:15
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torgar;134499 said:
¿A quién se lo preguntas? Porque hay algunos por el foro... algo tendrán.→_→
Enviado desde mi U8815N usando Tapatalk 2

Pues no sé lo que le habrá costado a esta mujer hacer el diagrama, pero como hacedora de hijos en proceso de hacer uno, me parece que no puede haber sido tan laaaaargo, no tan costoso.

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18 junio 2013 - 08:50
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Parece un curro de cojones pero... ¡menudo cipostio!

Vamos que he estado un rato echando un vistazo y aunque algunos más o menos los situo e identifico... (personajes sueltos como Carrie por ejemplo ) pero el seguir el esquema hasta el libro donde aparece me parece un tanto caotico. Casi que algo ordenado por alfabeticamente con una pequeña mención al lado (tipo wikipedia) me hubiera parecido mucho más práctico, aunque supongo que una vez más todo es cuestión de gustos.

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15 diciembre 2013 - 10:07
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Aprovecho este hilo para poner una entrevista (o parecido) ** you do not have permission to see this link ** a Sai King bastante interesante que incluye un titular completamente fuera de contexto

[SIZE=4]"Me avergüenzo de ser estadounidense"[/SIZE]

  • Convencido de que pasará a la segunda división de la historia literaria, va ganando, a su pesar, prestigio entre las élites.
  • Entre la era Ford y la de Obama, ha trazado el fresco del miedo en el hombre medio americano y para el resto del mundo. Pero él no se da la más mínima importancia.

Stephen King ha escrito cerca de 50 novelas y ha vendido más de 300 millones de ejemplares. El autor de Carrie (1973) y El resplandor (1979), el libro que Stanley Kubrick y Jack Nicholson convirtieron en una memorable película, es seguramente el escritor vivo más popular del mundo. Símbolo y metáfora de la cultura pop estadounidense y encarnación demócrata del sueño americano, King es, sin embargo, un tipo absolutamente humilde, un histrión tierno y simpático que tiende a minimizar su talento de escritor y que se toma el pelo a sí mismo sin parar, en un ejercicio que a veces parece sano y otras parece rozar el masoquismo.

Acaba de pasar por París por tercera vez en su vida para promocionar su última novela, Doctor Sueño (Plaza & Janés), que es una especie de secuela o pieza separada de El resplandor. Alojado en el lujoso hotel Bristol, ha paseado por la ciudad, ha dado una rueda de prensa masiva, ha hecho reír a miles de lectores en el inmenso teatro Rex, donde acababa de tocar Bob Dylan, y no ha parado de firmar ejemplares y de hacer amigos contando anécdotas y riéndose de su sombra. El autor de Misery ha contado que llevaba 35 años preguntándose qué habría sido del protagonista de Doctor Sueño, que no es otro que Danny Torrance, el niño que leía el pensamiento ajeno y que sobrevivía a duras penas a los ataques violentos de su padre alcohólico y abusador, Jack Torrance, en aquel hotel triste, solitario y final donde transcurría El resplandor.

Danny tiene ahora casi 40 años, le pega al trago como papá, acude a las sesiones de Alcohólicos Anónimos y cuida a ancianos que están a punto de morir. De ahí el título de una novela que es un compendio del potente universo de King: hay vampiros que comen niños para alimentarse, gente con poderes paranormales, tiroteos, rituales satánicos y sesiones de telepatía intensiva. No se pasa un miedo cerval como en El resplandor, pero es una muy legible novela de acción.

En un reciente artículo publicado en The New Yorker, Joshua Rothman ha explicado que King es el principal canal por donde fluyen todos los subgéneros de la mitad del siglo XX: ciencia ficción, terror, fantasía, ficción histórica, libros de superhéroes, fábulas posapocalípticas, western, que luego traslada a su pequeño reducto de Maine, el remoto Estado del noreste de EE UU donde vive, poblado por 1,2 millones de personas.

La prueba de su influjo en la cultura estadounidense son el cine y la televisión, que siguen rifándose sus historias. Aunque a los 65 años King sigue insistiendo en que lo que escribe no vale gran cosa, cuatro décadas de oficio y una legión de lectores en todo el mundo han acabado convenciendo a una parte de la crítica y a algunos compañeros de profesión de que su literatura pensada para entretener a la América rural pobre tiene más interés, sentido y calidad de la que él mismo cree.

En 2003, King ganó la Medalla de la National Book Foundation por su contribución a las letras americanas, un año después de que lo hiciera Philip Roth. Aquel día, el escritor Walter Mosley destacó su “casi instintivo entendimiento de los miedos que forman la psique de la clase trabajadora estadounidense”. Y añadió: “Conoce el miedo, y no solo el miedo de las fuerzas diabólicas, sino el de la soledad y la pobreza, del hambre y de lo desconocido”.

Pero sobre todo lo demás, King es un personajazo. Fue hijo de madre soltera y pobre, mide casi dos metros, es desgarbado y muy flaco, tiene una cara enorme, habla por los codos, no para de decir tacos, se ha metido varias cosechas de “cerveza, cocaína y jarabe para la tos”, toca la guitarra en una banda de rock con amigos, tiene una mujer católica “llena de hermanos”, tres hijos, cuatro nietos, una cuenta llena de ceros, ha pedido al Gobierno que le cobre más impuestos de los que paga, adora a Obama, odia al Tea Party, hace campaña contra las armas de fuego y es una mina como entrevistado: rara vez se olvida de dejar un par de titulares por respuesta.

¿Así que no le gusta venir a Europa? Vine una vez a París con mi mujer en 1991, y otra a Venecia y a Viena en 1998 con mi hijo; esa vez pasamos una noche por París, pero fuimos a ver una película de David Cronenberg. En Europa paso vergüenza: no hablo otra lengua salvo el inglés, y no me gusta ir dándomelas de celebridad. Prefiero un perfil bajo. Yo vivo en Maine, en un pueblo pequeño donde soy uno más. Cuando vengo a París soy la novedad, nadie me ha visto antes; allí llevan viéndome toda la vida y les da igual; soy el vecino.

¿Y por qué tiende a infravalorarse? Lo contrario de eso sería llamarme Il Grande, que sería lo mismo que llamarme El Gran Gili*****s. No quiero ser eso. Quiero ser tratado como una persona normal. Los escritores tenemos que mirar a la sociedad, y no al revés. Si mis editores me dicen que venga a París, es porque quieren vender libros. En las ferias de América trabajan chicas como gancho: se ponen en las puertas de los locales de striptease y mueven un poco el culo para atraer a los clientes. Aquí yo soy el que mueve el culo. En casa estoy en mi sitio, en la silla justa, escribiendo. Es ahí donde debo estar.

¿Qué se siente al haber vendido 300 millones de libros? Lo importante es saber que la cena está pagada, el número de copias que vendes da igual mientras sean suficientes para seguir escribiendo. Adoro este trabajo.

¿No siente orgullo? No sé si es orgullo, pero me hace feliz saber que mi trabajo conecta con la gente. Crecí para contar historias y entretener. En ese sentido creo que he sido un éxito. Pero el día a día es mi mujer diciendo: “Steve, baja la basura y pon el lavaplatos”.

¿Se siente maltratado por la crítica? Al principio de mi carrera vendía tantos libros que los críticos decían: “Si eso le gusta a tanta gente, no puede ser bueno”. Pero empecé joven y he logrado sobrevivir a casi todos ellos. Muchos críticos saben que llevo años tratando de demostrar que soy un escritor popular, pero serio. A veces es verdad que lo que vende mucho es muy malo, por ejemplo 50 sombras de Grey es basura, ***** para mamás. Pero La sombra del viento, de Ruiz Zafón, es bueno, y Umberto Eco ha sido muy popular y es estupendo. La popularidad no siempre significa que algo sea malo. Cuando leo una crítica muy negativa, me callo la boca para que el crítico no sepa que lloriqueo. Pero siempre las leo porque quiero aprender, y cuando una crítica está bien hecha, te ayuda a saber lo que hiciste mal. Si todos dicen que algo no funciona, te puedes fiar. En todo caso, la mejor réplica a una crítica la hizo un músico del XIX cuya ópera fue demolida. Le escribió una carta al crítico diciendo: “Estoy en la habitación más pequeña de mi casa. Tengo su crítica delante, y muy pronto la tendré detrás”.

¿Cuándo decidió ser escritor? Sabía lo que haría a los doce años. Escribir nunca ha sido un trabajo. Llevo 54 años haciéndolo y todavía no puedo creer que me sigan pagando por esto. ¡De hecho, no puedo creer que nos paguen a los dos por estar haciendo esto!

Yo tampoco. ¿Es verdad que tuvo una infancia un poco ‘Oliver Twist’? No tanto. Mi padre se fue de casa cuando yo tenía dos años y mi madre trabajó muy duro para criarnos a mí y a mi hermano. Lo que más siento es que murió de cáncer antes de que yo tuviera éxito. ¡Me habría gustado tratarla como a una reina! Mi primera novela, Carrie, se publicó en abril de 1974, y ella murió en febrero. Al menos recibí el adelanto y eso sirvió para cuidarla bien. Llegó a leerla y le gustó, dijo que era maravillosa y que tendría mucho éxito.

¿Heredó de ella la imaginación? No, el sentido del humor. La fantasía y la escritura las heredé de mi padre. Solía enviar relatos a las revistas ilustradas en los años treinta y cuarenta, aunque nunca se los publicaron. Adoraba la fantasía, la ciencia ficción, las historias de terror. De pequeño encontré en casa una caja llena de libros de Lovecraft, de Clark Ashton Smith; fue como un mensaje suyo lleno de cosas buenas.

¿Cómo es su relación con el dinero? Nunca aprendí a ser rico, no dan clases para eso, y no crecí con dinero. De pequeño solía pedir 25 centavos para ir al cine o trabajar cogiendo patatas. Nunca pensé que tendría mucha pasta. Mi madre pasó sus últimos diez años cuidando de sus padres y en casa nunca hubo liquidez. En esos casos, si de repente amasas una fortuna, puedes volverte vulgar y comprarte un enorme Cadillac, trajes de tres piezas a medida y zapatos caros. Pero yo crecí en una comunidad yanqui donde la ostentación no estaba bien vista. Luego me casé con una mujer muy pegada a la tierra que se habría reído mucho si yo hubiera vuelto a casa con un abrigo de pelo de camello. Me habría dicho: “¿Quién te crees que eres? ¿Mohamed Alí?”. Aunque me vendo como una puta por los zapatos y los coches, solo tengo un coche eléctrico. Vivimos modestamente y damos dinero a las librerías de los pueblos pequeños, a Unicef, a la Cruz Roja.… Seguimos el lema de J. P. Morgan: el hombre que muere millonario muere fracasado. El dinero sirve para pagar las cuentas, hacer tu trabajo, ayudar a mi familia y a mi suegro.

O sea, que es un hombre hecho a sí mismo, con conciencia social, que pide pagar más impuestos de los que paga. Todo el mundo debería pagar impuestos según sus ingresos. A mí me gusta pagarlos solo para buenas causas, y no para sufragar guerras en Irak, que fue la más estúpida del mundo. En ese sentido, encarno el sueño americano, aunque sin un Cadillac.

También hace campañas contra la venta libre de armas. ¿Una causa perdida? El problema no son las escopetas de caza. El 70% de EE UU es rural, y no tengo problema en que la gente cace ciervos y se los coma. Tener revólveres en casa tampoco me parece mal, yo mismo tengo uno, descargado y lejos del alcance de los niños. El gran problema, lo que me pone fuera de mí, son las armas semiautomáticas. Pegan 40, 60 u 80 tiros seguidos, como la que se empleó en la matanza de Connecticut. Es vergonzoso que se vendan, pero el lobby de la Asociación Nacional del Rifle trabaja para los fabricantes de armas y se basa en la fantasía de que EE UU es como hace 50 o 60 años. Dicen que las muertes de niños son el precio a pagar por la seguridad. La cultura pistolera forma parte de la cultura americana, pero odio eso, me repugna. Luego dicen que por qué nunca vengo a Francia o Alemania: porque son civilizados, y yo siento vergüenza de ser estadounidense. Amo a mi país, pero está lleno de basura.

¿Quién ganará la guerra entre Obama y el Tea Party? Los del Tea Party son unos idiotas y unos racistas que básicamente disparan contra Obama porque tiene la piel oscura. Cuando Bush arruinó al mundo entero en 2008 con sus ideas ultraliberales, no dijeron nada. Ahora ese alien ha crecido en el Partido Republicano y no va a parar hasta destruirlo, lo cual no me parece mal. Su única idea es bloquear al Gobierno, sin darse cuenta de que la situación económica es bastante mejor que con Bush. Son como una obstrucción intestinal. Espero que en 2014 los americanos decidan dar esos 30 escaños a 30 demócratas. Todo irá mejor. En todo caso, si están molestos con Obama, peor estarán en unos años: el próximo presidente llevará falda.

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15 diciembre 2013 - 10:09
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[SIZE=4]<--... viene del mensaje anterior[/SIZE]

Háblenos de Danny Torrance, el niño de ‘El resplandor’, que ahora vuelve en ‘Doctor Sueño’. Al final de El resplandor, era 1977, Danny tenía cuatro o cinco años, porque escribí la novela en 1976, durante el bicentenario, cuando era presidente Ford. Al principio de Doctor Sueño tiene ocho años. Durante 33 años, ese niño ha estado en mi cabeza. Me preguntaba qué sería de él, si seguiría o no manteniendo ese talento, el resplandor de leer los pensamientos de la gente. Creció en una familia terrible. Su madre malherida sobrevivió de milagro a la paliza de la mesa del comedor, y el padre, Jack, era alcohólico, como yo… Sabía que Danny debía seguir estando rabioso con el mundo, porque su padre era un canalla que abusaba de ellos. La rabia es el centro del libro, de Jack a Danny hay una generación marcada por la rabia.

¿Usted bebía mucho entonces? Cuando escribí la novela, muchísimo. Pero ya sabe, los escritores tenemos que hablar de lo que conocemos.

…¿Qué tomaba? Tomaba mucha cerveza.

Eso no es tan duro… Es que me tomaba una caja diaria, 24 o 25 latas…

¿Con otras sustancias? No en ese momento. Luego sí, tomé todo lo que pueda imaginarse. Cocaína, Valium, Xanax, lejía, jarabe para la tos… Digamos que era multitoxicómano. Lo malo es que entonces no había programas de ayuda, e hice de Jack un alcohólico peor que yo. Se intentaba curar la adicción por las bravas y era peor. Ahora he intentado equilibrar eso en Doctor Sueño pensando qué habría pasado si Jack hubiera tenido ayuda. Así que metí a Danny en Alcohólicos Anónimos.

Aquella novela supuso que le etiquetaran como un narrador de historias de terror. ¿Le molestó? La gente, y sobre todo los críticos y los editores, adoran las etiquetas, les gusta meter en jaulas a los autores, ponerles en una carpeta. Para los editores es como vender comida: este escritor os dará judías verdes; este, terror; este, chocolate. No me parece mal. Cuando salió Carrie, tenía dos novelas más escritas, y le pregunté al editor en Nueva York cuál prefería, una de un secuestro más literaria, Blaze, u otra de terror, Salem’s lot. Y él me dijo: “La segunda será un best seller, pero si sacamos la de terror, te encasillarán”. Y yo le dije: “Me importa un carajo si paga la cuenta del supermercado. Mi mujer me llama cariño; mis hijos, papá; mis nietos, abuelito, y yo me llamo Steve. Me da igual cómo me llamen los demás”.

¿Ha pensado en qué lugar de la literatura estadounidense quedará Stephen King? Es difícil saberlo. No sé si hay vida después, aunque no creo. Pero si quedara algo similar a la conciencia, lo último que me preocuparía es saber si me lee o no la próxima generación. Dicho esto, cuando los escritores mueren, o sus libros se siguen publicando, o desaparecen. La mayoría desaparece. Quedan solo algunos, y esos son los importantes: Faulkner, Hemingway, Scott Fitzgerald, olvidado cuando murió y rescatado más tarde. En español, Cervantes, García Márquez, Roberto Bolaño, esos quedarán. Bolaño sabía tragar drogas y beber. Pero también sucede que queda la gente más rara: de Stanley Gardner, el autor de Perry Mason, quedó muy poco; pero no quedó nada de John D. McDonald, que era estupendo. Y apenas nada de John M. Cain, pero sí de Jim Thompson. Y, más extraño aún, queda Agatha Christie… Es decir, nunca sabes quién va a perdurar. Creo que los escritores de fantasía tienen más posibilidades de quedar. Y creo que, de mis libros, resistirán El misterio de Salems’ lot, El resplandor, It y quizá La danza de la muerte. Pero no Carrie. Y quizá también Misery. Esos son los imprescindibles para la gente que los leyó, pero no estoy nada seguro de que la gente siga pensando en mi trabajo cuando palme. Quién sabe. Somerset Maugham fue muy popular en su día. Ahora nadie lo lee. Escribió grandes novelas. Alguien le preguntó por su legado, y dijo: “Estaré en la primera fila del segundo rango”. Dirán eso de mí.

¿Ve cómo prefiere militar en segunda división? Cuando estás dentro del negocio, sabes bien cuál es tu nivel de talento. Cuando lees a un escritor bueno, piensas: “Si yo pudiera escribir así”, notas mucho la diferencia entre lo que haces y lo que escribe gente como Philip Roth, Cormac McCarthy, Jonathan Franzen o Anne Tyler. Hay muchos muy buenos.

¿Sigue leyendo mucho? Todo lo que puedo, cada día, aunque veo mucha tele. Y escribo todos los días, acabo de escribir una cosa sobre Kennedy para The New York Times. Este oficio es una pasión. Más que vivir de ella, me gusta practicarla. Preferiría estar escribiendo ahora en vez de estar aquí.

Ya acabamos. No, si es usted un tipo estupendo, pero es que las ideas me vienen sin querer. Esta mañana íbamos en el coche, nos paramos al lado de un autobús donde iba una mujer sentada y pensé: ¿Y si ahora sube un tipo y le corta el cuello? Será un cuento corto, aunque eso nunca se sabe; Carrie iba a ser un relato también y acabó siendo una novela. Lo importante es esa pregunta: ¿qué pasaría si…? Ese es el motor de mis historias.

Y luego acaban en el cine o en la tele. Sí, mucha gente va al cine en el mundo y eso ayuda a hacerte popular. Pero al final todo da igual, porque un día te encuentras con gente por la calle que te reconoce y te dice: “¿Eres Stephen King? Tío, me encantan tus películas”, y otro día, en un supermercado de Florida, me para una mujer y me regaña porque escribo cosas terroríficas. Dice: “Prefiero The Shawshank redemption”. Y yo: “La escribí yo”. Y ella: “No es verdad, para nada”. Y se larga.

¿El libro electrónico le ha ayudado a vender más? ¿Qué piensa de Amazon? Amazon y el libro electrónico son fantásticos para los escritores. Si antes un editor decía no, era no. Ahora puedes editar tu libro y venderlo. Para los que llevamos tiempo en esto, es un mercado más. Antes había tapa dura, tapa blanda y audio. Ahora hay también libros digitales, que son maravillosos. Todo eso es formidable para los suministradores del material, que somos nosotros: siempre van a seguir necesitando historias. Es un problema para los editores, que siempre han sido los cancerberos de la calidad, pero muchos descubren en la red nuevos talentos. Y para los lectores es ambivalente: sin librerías, el 90% de lo que inunda en Amazon es basura. Como 50 sombras de Grey. ¡Vender eso como ficción es increíble!.

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18 diciembre 2013 - 13:56
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Stephen King es un grande que no se cree a sí mismo. Si lo hiciera podría escribir una obra de arte como las que el admira. De hecho, creo que es un artista aunque no se lo crea.

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19 diciembre 2013 - 18:03
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torgar;154101 said:
[SIZE=4]
[B]¿El libro electrónico le ha ayudado a vender más? ¿Qué piensa de Amazon?
Amazon y el libro electrónico son fantásticos para los escritores. Si antes un editor decía no, era no. Ahora puedes editar tu libro y venderlo. Para los que llevamos tiempo en esto, es un mercado más. Antes había tapa dura, tapa blanda y audio. Ahora hay también libros digitales, que son maravillosos. Todo eso es formidable para los suministradores del material, que somos nosotros: siempre van a seguir necesitando historias. Es un problema para los editores, que siempre han sido los cancerberos de la calidad, pero muchos descubren en la red nuevos talentos. Y para los lectores es ambivalente: sin librerías, el 90% de lo que inunda en Amazon es basura. Como 50 sombras de Grey. ¡Vender eso como ficción es increíble!.

Muy grande.
Las películas serie B de los 80 basadas en sus novelas también, que recuerdos...

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22 septiembre 2014 - 11:33
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Con motivo de que ayer el señor King cumplía años (67) para tenerlo presente pongo a continuación el artículo de Juan Soto Ivars en Jot Down (link en el título) (donde hay imágenes)

[SIZE=5]** you do not have permission to see this link **[/SIZE]

[SPOILER=Por lo menos una foto][SPOILER][Permission to view this image is denied]
[/SPOILER]

En este momento de mi vida me encuentro con muchos intelectuales que han perdido la capacidad para disfrutar con ciertos libros. Me refiero a personas obsesionadas con una noble preocupación: el estudio profundo de la magia literaria. No digo que los lectores de esta clase estén equivocados. Admiro el rigor que se desprende de sus palabras y sus textos. Pero tengo la suerte de no haber recibido una educación literaria demasiado exhaustiva, y eso me permite acercarme a los libros como un naturalista que observa animales vivos en su entorno. Sé que nunca podré comprender al cien por cien cómo funciona el organismo de uno de esos bichos, pero es que para averiguarlo, como hacen los rigoristas, habría que matar al bicho.

Abrir una novela de Stephen King y disertar sobre sus puntos débiles es un entretenimiento al alcance de cualquier lector medio. Haciendo este ejercicio, se puede despotricar con conocimiento de causa sobre uno de los autores más vendidos del planeta, lo que le reportará al despotricante miradas de complicidad y un desahogo capaz de liberarlo de horas de psicoterapia.

Hasta un cierto punto de mi vida, consciente de mis limitaciones en el estudio de la literatura, quise los libros para jugar a este juego de acomplejados. Compraba aquellos de los que me habían hablado personas que ahora reconozco como pedantes, subrayaba las páginas, tomaba anotaciones y me reía con altivez de la gente que leía best sellers en el metro. Esta risa de superioridad no demuestra que yo leyera mejor, sino que el éxito me confundía. Sin embargo, un día que no tenía nada que leer agarré una novela de King. Mi idea era pasar el rato con un best seller. Rebajarme, como cuando entro a comer a un antro de hamburguesas. Recuerdo que soplaba una brisa fresca en la terraza de mi casa de Águilas y yo pretendía pasar la tarde primaveral con un libro ligero.

Cuando me descubrí temblando de miedo y cubierto de relente a las seis de la mañana, después de haber huido junto a un padre y una hija de las garras de una pandilla de sicarios, miré la portada del libro, releí el nombre del autor para cerciorarme de que seguía siendo Stephen King, y empecé a preguntarle telepáticamente cómo lo había conseguido.

Era pronto para saber que esta abducción dentro de las páginas de la novela Ojos de fuego tenía que ver tanto con mi forma de leer como con la novela en sí. Ya entonces supe que algún día escribiría esto.

Más tarde averigüé que yo había leído Ojos de fuego de Stephen King como se supone que hay que leer a los clásicos: rebajando al máximo la ambición intelectual y dejándose llevar. Este lujo, la verdadera lectura, solo se lo permiten ciertos amigos cultos con obras que gozan de un respaldo intelectual. Pero un gourmet que solo come en establecimientos con más de una estrella Michelin posiblemente se pierda ese placer indiscutible que representa untarse de grasa hasta los codos para despachar unos huevos fritos con patatas y chorizo.

Decidí que no volvería a leer como un intelectual, salvo las novelas escritas para ser estudiadas o, en otras palabras, esos libros que muchos presumen de haber leído. Y, de paso, me abrí las puertas de una de las bibliografías más imprevisibles, largas e irregulares de toda la literatura contemporánea.

A medida que avanzaba por la obra de Stephen King establecí una relación de familiaridad con este autor. Cada nuevo libro suyo que ha caído en mis manos me ha servido para profundizar en esta relación. Cuando descubro una escena calcada de otra o el viejo King empieza a desbarrar con pretensiones de estilo, sonrío y me digo: «como si te hubiera parido».

Con Carrie, su primera novela publicada, Stephen King se hizo millonario. A partir de entonces le ocurrieron tres cosas: se hizo alcohólico y cocainómano, siguió escribiendo novelas de éxito a un ritmo de industria pesada y conoció el destino de cualquier autor sin pretensiones literarias pero con unas ventas abrumadoras: ser sistemáticamente machacado por la casta intelectual.

El mundo de los escritores funciona como el mercado antiguo de los griegos: en la confusión de talentos y trabajos. De estas dos magnitudes emanan las leyes en un universo donde la comparación de las riquezas ocasiona la envidia en los pobres y el desprecio en los ricos. Puesto que los pobres siempre son más que los ricos, se extiende sobre los ricos el nubarrón de calumnia. No nos engañemos: los intelectuales, hasta los más esnobs, están impregnados de lucha de clases hasta el mismísimo esqueleto.

Si uno lee a Stephen King sin prejuicios, si se sienta ante el libro dispuesto a mirar el espectáculo de magia sin intentar averiguar el truco, descubre a base de disfrute el motivo de su éxito: la imaginación truculenta e inagotable y el manejo del ritmo narrativo se combinan en un sinfín de novelas de estilo muy asequible para cualquier lector. Pero hay una particularidad: King no decepciona a los lectores acostumbrados a la alta literatura, a ese selecto millón de lectores de todo el planeta que leen a Milan Kundera o a Cormac McCarthy, cosa que difícilmente ocurrirá con otros autores de best sellers como Ken Follet o Robin Cook. Y es que resulta que King no es un escritor de novelas de terror. O no del todo, al menos.

King trabajó en una fábrica, una lavandería y dando clases en una escuela de Maine. Tiene un origen muy humilde y siempre fue una persona observadora. Cuando leo Cementerio de animales no me impresiona tanto el hecho de que los muertos vuelvan arrastrándose desde su sepultura como el retrato de la vida en los suburbios de una capital de provincias americana.

King y Jonathan Franzen comparten más de lo que a Franzen le gustaría admitir. Son dos pintores de mural y tienen una capacidad asombrosa para construir personajes complejos y atados a su escenario. King inventa fenómenos paranormales y criaturas terroríficas, pero su punto fuerte es el retrato psicológico y la descripción del ambiente en que viven sus personajes. La mayor parte de su obra transcurre en los pueblos donde él ha vivido, y sus protagonistas suelen ser gente tan normal como sus vecinos y sus familiares. En este sentido, King no es tan imaginativo. Escribe sobre lo que conoce bien.

Es un autor de lo que yo llamo «Método Alien». La película Alien no es terrorífica porque una nave enorme flote perdida en mitad del espacio, con una criatura depredadora y fuera de control amenazando a los pasajeros. Eso lo hemos visto en mil películas malas de ciencia ficción. El efecto de Alien se debe a que, hasta que el bicho aparece, la vida dentro de la Nostromo es similar a la que podemos encontrar en cualquier oficina corriente. Los personajes fuman, beben café y tienen relaciones laborales, como cualquier hijo de vecino. Si Ridley Scott nos hubiera puesto a unos astronautas como los de 2001 de Kubrick en el brete de luchar contra el extraterrestre, el truco no hubiera funcionado.

Es lo que ocurre con las buenas novelas de King. El terror funciona porque sus locuras surrealistas se desarrollan en una masa humana perfectamente descrita y confeccionada. Lo sobrenatural aterriza en el costumbrismo, y el costumbrismo está descrito con un grado de humanidad propio de los grandes escritores.

Siendo tan prolífico, King tiene muchas novelas flojas y algunas realmente malas. El resplandor, por ejemplo, es posiblemente una de las peores: larga, tediosa y eclipsada por una adaptación cinematográfica muy superior. Creo que El resplandor es una maldición: muchos lectores se acercarán a su obra abriendo a este libro y posiblemente se larguen decepcionados para no volver.

Para que no le ocurra esto a usted, llega el momento de la hoja de ruta. Las mejores novelas de Stephen King son, para este que escribe: Ojos de fuego, La zona muerta, Cementerio de animales, 22/11/1963, Rabia, Carrie y Misery. Empezando por cualquiera de estas, el resto de la obra será una tentación, y posiblemente usted llegue al grado de familiaridad propicio para perdonarle bodrios como Maleficio o Eclipse total.

Y para los paladares más exigentes, un relato corto que condensa lo mejor de King y lo pone a un nivel de estudio psicológico que ya quisieran para sí muchos escritores contemporáneos: «Moralidad» (editado dentro del volumen Blockade Billy, en Random House Mondadori). Si después de leer este cuento hay alguien que se atreva a decir que King es un escritor ramplón, le daré el derecho a elegir arma y lugar para el duelo.

*Aclaración: reproducido sin permiso del autor aunque identificado y enlazado

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23 septiembre 2014 - 09:42
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En algunas cosas estoy de acuerdo, pero el tío me parece un imbécil con muy poco gusto, decir que es mejor la peli del resplandor que la novela, en fin.

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23 septiembre 2014 - 12:25
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Hay mucha gente que opina así. Habitualmente cinéfilos.

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torgar;163806 said:
Hay mucha gente que opina así. Habitualmente cinéfilos.

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Yo también soy muy cinéfila y me encanta Stanley Kubrick, y el hecho de que dirigiera la adaptación de el resplandor dice bastante más de la novela que de la película. La película (en versión original, porque doblada es para pegarse un tiro), es muy buena y da mucho miedo y mucho terror, pero se deja muchísimas cosas en el tintero, y cambia otras sin venir a cuento. Pero vamos, las adaptaciones de novelas de Kubrick nunca han sido muy fieles, ni Lolita, ni Barry Lyndon, ni desde luego ésta. Y aunque no he leído 2001, me da que tampoco.

También menciona como bodrio Eclipse Total, que a mí me parece buenísima, de sus mejores novelas sin elemento fantástico ninguno. Pero vamos, que para gustos los colores. Tampoco me parece que Stephen King sea un ejemplo de lectura fácil, con el vocabulario que usa, no me imagino a alguien que no haya terminado el instituto leyéndolo en inglés.

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