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Antigua Vamurta Saga Completa
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12 marzo 2013 - 12:00
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Aquí está el book trailer de Antigua Vamurta - Saga Completa obra y gracia de la artista, fotógrafa y diseñadora Cristina Viñas Marcus, que a su vez es la creadora de la portada que pronto veréis.

Un book trailer para una larga novela de literatura fantástica. Un BookTrailer, tal como lo entiendo yo, es una tarjeta de presentación. Sólo insinúa, muestra, deja caer algún velo. De ahí su brevedad. El booktrailer antecede a algo.

Pronto será publicado el relato completo de Antigua Vamurta.
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12 marzo 2013 - 12:14
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¡Gran trailer para dejarnos las uñas aún más largas!

:ad:

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14 marzo 2013 - 09:52
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Antigua Vamurta – Saga Completa ya está publicada en Amazon en formato ebook o libro electrónico. Vamurta es puro género fantástico, una de las novedades notables del 2013 en literatura fantástica. Y a su manera es una pequeña saga de fantasía. Es un relato de casi 800 páginas, un relato de aventuras, una historia épica, de amor y amistad.

Al fin y al cabo, Antigua Vamurta es la narración de unos seres que sueñan un mundo mejor. Unos seres que habitan un universo propio, distinto a otros que han existido, poblado de hombres grises, murrianos, sufones, hombres rojos, vesclanos y otras criaturas sobre las que guardo silencio. Un mundo fantástico convulso, violento, azotado por los vientos de un destino incierto.

En breve, Antigua Vamurta – Saga Completa estará también a la venta en papel. En concreto en CreateSpace, una empresa de Amazon. Cuando salga actualizaré esta entrada para dar toda la información sobre el libro en papel.

Si queréis comprar el libro en formato ebook os dejo los enlaces en esta lista:

• Amazon España: ** you do not have permission to see this link **

• Amazon.com: ** you do not have permission to see this link **

• En Amazon Gran Bretaña, Italia, Japón, Brasil, Francia, Alemania, etc., también estará disponible, con unos días de retraso.

Si os leéis el libro y os gusta y lo consideráis conveniente, cualquier comentario o recomendación es muy bienvenido. Publico por libre y realmente es muy difícil sacar la cabeza por la potencia de los grandes sellos editoriales.

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14 marzo 2013 - 12:47
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¡Por fin! En que llegue a casa, pa'l Kindle. Ya te diré. Ah, y mucha suerte a partir de ahora :ad:

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17 marzo 2013 - 09:58
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Espero y deseo que te guste y que pases un muy buen rato leyendo Vamurta.
Creo que sí, que vas a disfrutar. ¡Así lo espero!

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18 marzo 2013 - 22:01
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Si estáis viviendo en Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Brasil, Alemania, Japón, Canadá, etc., el libro también está disponible en formato ebook.
Saludos.

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20 marzo 2013 - 13:22
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La Sinopsis

[FONT=Book Antiqua]Las esperanzas de los hombres grises se desvanecen poco a poco. Vamurta está asediada. Los pueblos del oeste afianzan su poder y las nuevas tierras son disputadas por muchas razas. Antiguas fronteras que se resquebrajan, dioses que aúllan, magos que resurgen, mujeres que ostentan gran poder.

Por senderos y ciudades lejanas un puñado de guerreros, sin bandera ni tierra que defender, se adentran más y más en lo desconocido. Buscan un sueño en el que creer, anhelan el paraíso que una vez perdieron.

A lado y lado del Mar de los Anónimos se desenvainarán las espadas y los arcabuces rugirán. Hombres y mujeres grises, murrianos, vesclanos y sufones desean un mañana mejor, una paz que no llega, un descanso que se difumina en cada amanecer de hierro.

Si decides adentrarte en la niebla será demasiado tarde para volver atrás.
[/FONT]

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25 marzo 2013 - 15:14
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El libro Antigua Vamurta también está a la venta en papel desde hoy. Después de fiestas daré más detalles, mientras, dejo los enlaces para comprar el libro, que como sabéis, también está disponible como libro electrónico.

En Amazon España: [Permission to view this media is denied]
En Amazon.com: [Permission to view this media is denied]

Sobre los avances del libro de esta novela de género fantástico. Publicaré pocos fragmentos y deliberadamente desordenados para no avanzar o dar pistas sobre la trama.

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31 marzo 2013 - 14:40
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Dejo el primer avance del segundo libro. Y una ilustración inspirada en las nuevas tierras.

40
LA RUTA DEL OESTE

—Puede que sea un borracho y un fanfarrón. Eso es lo que decía mi madre —murmuró Dort Riala—. Pero, por todos los males que pueblan la noche: llegarás a Oquadé.
El hombro rojo había atado al murriano a la montura con una cuerda que rodeaba la cintura y el pecho de su compañero. Quería evitar que un desmayo fuera una caída fatal. Ambos renos rompían el camino, uno al lado de otro. Dort, con la gruesa mano izquierda, sujetaba las riendas de los dos animales que exhalaban, poderosos, grandes nubes de vaho. Era tal el frío que ni los gruesos jubones superpuestos a las corazas servían para dar calor. Incluso la luna, aupada sobre una nada negra, parecía un cristal helado.
El hombre rojo soltó una carcajada horrible, un trueno que resonó en la soledad de los campos y bosques que iban dejando atrás. Aldier abrió un ojo, recostado como estaba sobre el musculoso cuello de su montura.
—Ellos tampoco pueden espolear a sus bestias. ¡Esos insectos se romperían el cuello!, ¡esas cabezas calvas y puntiagudas! Como las de un puercoespín, ja, ja, ja. ¡Cabezas de coliflor, eso es lo que son!
El murriano sonrió, agarrándose al consuelo del coraje de su compañero.
—Te conozco, murriano. Crees que soy uno de esos hombretones que pasan sus días dando mamporrazos a todo lo que se pone delante y luego lloriquean sus desgracias agarraditos a una buena jarra, que por cierto, daría mi vida por una de ellas. Pero tengo ojos, estos —dijo, llevándose dos dedos sobre las profundas ojeras del que no ha dormido—. ¡Siempre te escondes! Pero te vi, te vi en esa isla.
No era posible hacer más. Desapacible noche para ser horadada. La luz de la luna manchaba el sendero convirtiéndolo en una traza. Espolear los renos equivalía a un suicidio, así que se limitaban a acortar la distancia que los separaba del campamento algo más rápido de lo que lo haría un hombre corriendo. El aire gélido cortaba las mejillas. El rojo cerró un poco la capucha de lana de su largo abrigo. Endureció las facciones, apretando los dientes. Sobre su barba hirsuta reposaba la escarcha. Bajo el cuero de sus guantes sentía el hielo que eran los muchos anillos con los que se adornaba las manos. Con su diestra, sacó algo de la alforja que colgaba de los traseros del reno.
—Tengo mis recursos, murriano. Los espíritus del viento no me doblegarán —Dio un trago del frasco de cerámica que sostenía con su mano libre—. No soy un Bálkida, ¡vive Tamboras!, pero tengo mis recursos. Ten, dale un buen lingotazo. Lo necesitas.
El cuerpo de Aldier botaba al unísono con el animal. Alargó el brazo y bebió con dificultad. Tosió. Aquel aguardiente de tubérculos quemaba. Sentía que la pierna seguía sangrando, a pesar del vendaje improvisado por el hombre rojo. Hilos de sangre que descendían por los muslos de acero hasta resbalar sobre la hendidura de su pezuña. Tenía tanto frío que solo deseaba que todo acabara.
—Sí, te recuerdo en la isla. Cuando esos gusanos de río, los llais, nos atacaron. Allí fuiste otro, magnífico a dos espadas. ¿Quién eres? ¿Ese, o el tipo parapetado bajo un jubón raído? Abriste una puerta para que pudiéramos escapar, aunque de todos solo quedamos nuestro estratego y yo… No queda mucho para Oquadé, murriano. Me he perdido las fiestas del Zintan y eso quiere decir que mis dioses no me favorecerán, al menos mientras dure el frío. ¿En qué creéis, los murrianos?
Aldier cabalgaba con los ojos cerrados. Dort frenó las monturas y se apeó. Los renos agradecieron la pausa. Notó el profundo silencio que los rodeaba. Nadie los seguía, al menos de cerca. Cubrió el cuerpo de su compañero con otra capa y lo aseguró a la silla.
—Bebe un poco más. —Únicamente sobresalía la cara romboidal de Aldier. Hasta sus bigotes caían a los lados—. Debes mantenerte despierto, amigo. Intenta estar derecho, como un dios.
El aire zumbaba en sus oídos, furioso. Lo tranquilizó no ver ni oír nada más que sus respiraciones y los bufidos de las monturas.
—Y oye bien lo que te digo, murriano. Tengo más de una buena razón para querer llegar a Oquadé. (....................) ¿cómo podría curarme, amigo mío? Soy un lobo hambriento que (......), soy un lobo que llora y ríe cada noche.
El hombre rojo emitió un aullido que acabó en una larga canción de risas y sollozos.
—Creo que si fuera lobo en estas tierras —El murriano tenía los dos ojos abiertos y sonreía, a pesar del dolor de la herida—, al oír el estertor de tus carcajadas procuraría no asomar la cabeza por aquí.
El hombre rojo respondió con otra sonora risotada. Exhortó a los renos en su lengua arcaica.
—Murriano. Las estrellas nos siguen y nos envidian. Llegaremos a Oquadé. Y lo haremos los dos, vivos.
Siguieron adelante. No había más remedio. Debían avisar al resto de la tropa de que los sufones volvían, que esta vez ni un milagro los salvaría.

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6 abril 2013 - 20:57
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Antigua Vamurta (Saga Completa) está disponible en papel. Esta novela fantástica, rutilante novedad de este 2013, incluye el primer y segundo libro de Vamurta. La historia completa. Podéis comprar el libro en Amazon en tapa blanda o en formato de libro electrónico a precio asequible.

- En Amazon España: [Permission to view this media is denied]

- En Amazon.com: [Permission to view this media is denied]

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Antigua Vamurta es un largo libro de aventuras en un universo nuevo que mucho debe al Medievo. Es una historia de amor, guerra, ambiciones, amistad y sueños en el que los seres que merodean en dichas latitudes, de algún modo, se asemejan a cualquiera de nosotros en una situación extrema. Las vivencias y viajes de sus protagonistas se hilvanan y se rompen, se funden y vuelven a separarse, tal como ocurre en el mundo real, hasta alcanzar el final de la narración que a nadie dejará indiferente.

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Publico mediante una compaginación espartana que tiene un doble objetivo: reducir al máximo el coste del libro y facilitar la lectura. He usado una letra Times New Roman de cuerpo 10 sobre papel blanco de 80 grms. Suficiente. Tengo el libro en las manos y es perfectamente legible, de hecho más que otros. He comprimido al máximo el contenido, he apurado márgenes y he dejado el mínimo de páginas en blanco, aún a riesgo de perder unos centímetros de elegancia. Eso sí, el libro cuesta 19,50 €, impuestos y gastos de envío incluidos y tiene casi 800 páginas.

El interior es bueno. El pero está en la tapa, muy delgada y que se dobla con facilidad. Todo no puede ser. Además, en CreateSpace, en cuanto a cubiertas no había opción de tapa dura. Se lee con comodidad, aunque debido a su formato (24,5 x 17 cm) y al elevado número de páginas, pesa un poco más que una Biblia en edición estándar.

Para comprar este libro de aventuras y fantasía debéis de daros de alta en Amazon, un proceso no complicado. Luego, si optáis por adquirir la novela, aconsejo elegir la opción de “envío de 3 a 5 días laborables”, que en la práctica es una semana. No tiene coste. Un buen regalo o autoregalo para este Sant Jordi o Día del Libro. Y así a un precio comprimido, os lleváis un buen libro. Algunos opinan que más que bueno. Os puedo decir que este es un libro que a mí me gustaría leer y que os proporcionará largas horas de lectura trepidante, apasionada y entretenida.

Si os adentráis en los territorios de Vamurta vuestros sueños jamás volverán a ser los mismos: azotados por ventiscas inesperadas, cubiertos por súbitos bancos de niebla, zarandeados, molestados, tiznados, emborronados por criaturas y voces surgidas de otro lugar… La puerta ha quedado abierta.

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7 abril 2013 - 13:17
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Anda Igor también estas aquí, pues aprovecho para saludar.
Yo me he leído la versión kindle y me ha encantado el mundo que ha creado Igor. La verdad que por lo poco que cuesta si os gustan los libros de fantasía épica merece leerlo pues no os defraudará. Bueno, bonito y barato encima producto nacional, no se puede pedir nada más.

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8 abril 2013 - 14:16
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¡Hola!
Muchísimas gracias por el comentario. Me alegra enormemente que la novela te gustara, pasaras un buen rato y que la disfrutaras.
Es un placer. Al final, escribiendo, decidí estar al servicio de la historia, del mundo de Vamurta, que ya hace algún tiempo va por libre, ya tiene vida propia.

Un saludo.

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9 abril 2013 - 15:23
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Antigua Vamurta (I y II) - la Saga Completa. Un largo y fascinante viaje por un mundo fantástico de cientos de páginas. Se cierra así este relato de aventuras que es también una historia de amistad, amor, guerra y esperanzas. Una epopeya, al fin, por un universo de fantasía antiguo y nuevo a la vez. Si os gusta la literatura fantástica el libro no os defraudará.

Antigua Vamurta I y II es uno de los títulos notables del 2013 en el panorama literario, aunque su éxito sea modesto. Es una novela “grande” por su envergadura, por su ambición —pues se erige todo un nuevo mundo—, por reformular el género de fantasía, que está algo anquilosado, y por la calidad de su factura, en cuanto a la propia narración y su corrección.

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Antigua Vamurta - Saga Completa, combina el realismo y lo fantástico. Se describen unas razas, unos pueblos y unos protagonistas a partir de una hipotética veracidad, de modo que al lector le parezca que todo lo narrado sucedió en verdad. Hasta a mí me lo parece. Ese es el gran reto. La trama funciona como una novela histórica, con la excepción de la aparición de la magia a partir del segundo libro. Aún y así, creo haber logrado una reformulación de los viejos tópicos, creando una novela de lectura aparentemente sencilla que arranca con el asedio al viejo mundo de los hombres grises.

Atigua Vamurta, la saga completa, es una autoedición. Como muchos sabréis, publiqué el primer libro con la editorial Grupo Ajec. Este sello de Granada ha desaparecido incumpliendo lo pactado. ¿Por qué autopublico y no busco otra editorial? Son muchas las razones y esta fue la primera de las decisiones, ir por libre. Me falta fe para buscar otra editorial. No sólo fe, también tiempo. Y, además, me hice la siguiente pregunta: sabiendo que el libro está acabado y la trama cerrada, ¿cómo me puedo justificar frente a aquellos que leyeron y disfrutaron del primer libro? Porque buscar otra editorial significaba publicar de aquí a un año, o dos o tres, en el mejor de los casos.
Lo de “Saga Completa” es para evitar confusiones. Para remarcar que la historia se cierra, que llega hasta el final.

En la portada figura mi seudónimo, Igor Kutuzov. Realmente quise salir con mi verdadero nombre, pero la diseñadora de la portada olvidó este detalle. Al ver los primeros resultados del diseño, al ver la fuerza que tenía “Kutuzov” le dije: “¡no toques nada!” Así, por accidente, sigo siendo Igor y no Lluís. Soy un escritor al servicio de la historia, del relato, de los sueños.

[SIZE=4]Disfruten Antigua Vamurta. [/SIZE]

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9 abril 2013 - 18:42
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¡Tentación teeeeeerrible! :wanwan09:

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12 abril 2013 - 09:14
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Y ahora podéis descargar gratis en PDF los 5 primeros capítulos de Antigua Vamurta - Saga Completa.. No se necesita darse de alta en nada, es descarga directa.

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Disfruta Antigua Vamurta

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17 abril 2013 - 13:29
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Segundo Avance de Antigua Vamurta - Saga Completa

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«No muy lejos de allí, junto a la entrada de la ciudad, el antiguo conde de Vamurta se mordía el labio, prisionero de sus dudas. «¿Con cuántas lanzas cuento realmente? A muchos de los que hemos sacado de sus casas apenas los conozco de vista. ¿Cuántos sabrán luchar?». Miró la bóveda oscura del cielo y se dijo: «el vesclano tiene razón. Los mercenarios de Asch cuentan con renos, por mucha distancia que pongamos de por medio esta noche… Y nuestro rastro será como seguir a un buey herido en la nieve». Se encontraba rodeado de gentes de armas, pero también de tenderos, herreros, niños, curtidores y ancianos. No podrían escabullirse en el bosque y desaparecer.
—Lateas, acércate —dijo.
El viejo vesclano se aproximó, arrastrando su cola con cuidado. Sus grandes ojos redondos esperaban algo, chispeantes.
—¿Dónde se han atrincherado los vesclanos de Icet?
—En un almacén del muelle. Uno de los nuestros los vio resistir allí antes de que cayera la noche. Han fortificado el edificio, pero están rodeados. Hay arcabuceros de Asch parapetados en los edificios cercanos, esperando a la infantería al amanecer para lanzar el asalto.
—¿Cuántos son, vesclano?
—Muchos. Quizás sesenta de los míos y una nutrida compañía de mercenarios, hombres grises. Sin pequeños, prestos para luchar.
En las penumbras, Serlan podía adivinar la sonrisa esperanzada de aquel ser retraído, cuya voz parecía emerger de la oquedad. Con las fuerzas de Icet, la huída contaría con mayores garantías.
—¿Cómo podemos avisarlos, sabrán que vamos a ayudarlos a romper el cerco?
—¡Oh, Señor! ¿No lo sabéis? Claro. Usaremos el código de Sende, la voz de pájaro. Pero, ¿y los arcabuceros?
—Me atrevo a pensar que no saben que estamos aquí. Y de noche, con un enemigo que les llega por la espalda, las bocas de sus muchas armas de poco servirán —contestó Serlan—. Además, el murriano está creando confusión en su patio trasero.
Al otro lado de la Ciudad de los Lagos los incendios en el barrio sufón empezaron a formar una pared de fuego, una línea que crecía voraz. Desde la puerta se oía perfectamente el desconcierto causado por el murriano y los dos grises.
—Y, ¿cómo se saca a una rata escondida de su guarida? Ocúpate de ese canto de pájaro, vesclano, y agrupa a la mitad de los nuestros, a los de confianza. Que Sara y Eszul se queden aquí, asegurando nuestra retaguardia.
El conde se había girado para dar las nuevas a los suyos, cuando notó los dedos largos de Lateas sobre su espalda.
—En ese almacén están nuestros jóvenes —dijo el vesclano—. Algunos de los mejores de cada linaje. Mi pueblo no olvidará vuestro gesto.

En fila de a uno, pegados a las fachadas de la Avenida del Tardo que partía de la puerta, se adentraron en el barrio de los muelles, hasta ocupar en silencio los alrededores de los embarcaderos. Serlan había prohibido los filos largos; al igual que una pandilla de bandoleros, iban armados con dagas, cuchillos, puñales y hachas para no estorbarse una vez dentro de las viviendas. Les llegó el eco de un barullo formidable desde la otra punta de la urbe y el conde temió por Aldier o por el inicio de un ataque de las gentes de Asch.
Los vesclanos señalaron con gestos el almacén donde se habían hecho fuertes sus hermanos. Tal y como le había anunciado Lateas, era un edificio sólido de una única planta aunque su techumbre era de madera, lo que convertía aquella posición en insostenible en el caso de que los sufones lograran incendiar el tejado. Aquel depósito, muy cercano a la orilla y a los pontones, quedaba aislado. Enfrente, parapetados tras puertas y ventanas de un edificio, asomaban los vigilantes arcabuces del señor sufón. «Las armas de Leandra», recordó el conde, con un hilo de melancolía entretejido con la tensión del momento. Aquella amenaza se repetía en dos casas más, escogidas por sus muros de piedra. Viendo los cuerpos sin vida tendidos sobre la arena y sobre el empedrado del Tardo, resultaba evidente que los vesclanos habían luchado hasta ser forzados a buscar refugio, sin posibilidad de huída. Los sufones habían cerrado su puño de acero sobre aquellos desdichados.
—Escuchad, la sorpresa es nuestra mejor arma. Entraremos en tromba en el primer edificio. Metedles la daga entre las óseo-placas o cortadles las trompas. Los primeros en actuar, conmigo. Subiremos a la segunda planta sin descanso —ordenó el conde.
—¿Y los otros sufones? —preguntó Lateas.
—Liberando un flanco debería ser suficiente. Repetid la orden al resto y, vos, os lo ruego, empezad a cantar.
Se oyó la quejumbrosa voz de un búho sobre el constante romper del lago contra los embarcaderos. Una hembra pareció contestar y el macho replicó, con un canto que era alegre. El hombre rojo y dos grises, entre los más corpulentos, se habían situado delante de la portezuela lateral de aquella casa atestada de enemigos. «¡Ahora!», escucharon. Los herrajes saltaron por los aires y, con el conde detrás de ellos, penetraron en la casa como una exhalación, barriéndolo todo. Los sufones, sorprendidos y pendientes de los vesclanos que tenían delante, nada pudieron hacer para frenar la furia de aquella acometida. En el caos, Serlan acuchillaba con una daga en cada mano todo lo que tuviera un rostro blanquecino y una túnica roja. En las tinieblas de aquel interior el entrechocar de los aceros resonaba como mil martillos besando, incesantes, los yunques. Por un instante, rodeado en una esquina, el conde gritó: «¡Al primer piso!». Una cerrada descarga recibió a los primeros en subir, destrozando los cuerpos de un joven vesclano y Ventura. Pero aquella fue la única resistencia. La casa fue tomada en un abrir y cerrar de ojos, con tan solo dos muertos y un herido.
Al asomarse por una de las ventanas, Serlan observó a los vesclanos de Icet intentando abandonar el almacén para llegar hasta ellos, pero varias andanadas de los sufones apostados en los otros dos edificios les impidieron la salida. Entonces volvieron al interior del edificio e intentaron dañar a sus enemigos disparando sus arcos y ballestas.
Desde el fondo de la avenida les llegó el eco de un estrépito de cascos. No podían vislumbrar nada, pues las sombras devoraban la calle, pero pudieron intuir que algo se movía muy rápido. El conde distinguió un aullido, un sonido desgarrado que conocía».

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22 abril 2013 - 13:31
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[SIZE=2]Y otro fragmento para degustar...[/SIZE]

Dos pequeñas sombras se desplazaban sobre la nieve. Una esperanza los impulsaba a continuar: ver en el horizonte la Ciudad de los Lagos. Alcanzaron los campos que circundaban aquel gran burgo cuando el sol era intensa luz naranja. Seguían adelante sin casi sensibilidad en sus extremidades, las manos escondidas en las mangas, la cabeza encorvada bajo las capuchas. Sara se frotó las manos y le pareció que palpaba un trozo de madera helada.
A medida que avanzaban, empezaron a coincidir con otros, gentes de los campos, que como ellos se dirigían hacia la seguridad de las murallas, tapados con ropas viejas y mantos cubiertos con polvo de nieve. Aquello significaba que se encontraban en la vía que llevaba a los lagos y eso ayudó a serenarlos. A sus espaldas, a lo lejos, vieron un grupo que se movía muy deprisa. Parecía una caravana. A medida que aquellos se acercaban, vieron que se les acercaban unas extrañas cabalgaduras.
—¡Renos! —gritó un hombre que los seguía. Acto seguido todos los que se encontraban en el camino se apartaron para dejar paso a aquella hilera de jinetes. Sara y el conde empuñaron sus armas con discreción, pero nada pasó. Un grupo de sufones montados sobre grandes animales de poderosa cornamenta retumbó sobre el camino.
Era la primera vez que veían renos, hermosos, sus enormes testas protegidas por frontales de cuero endurecido que se alargaban hasta las pecheras. El oscuro color de su piel y cabellos contrastaba con las corazas blancas de sus caballeros. El conde pensó en los ciervos de combate murrianos, pero aquellos animales parecían más temibles, dotados de largas patas peludas y cuellos anchos como un palo mayor.
Se quedaron sobre la nieve, inmóviles, viendo pasar la caravana como una exhalación, el relinchar de los renos, los vahos que emanaban sus grandes fosas nasales. Quince, veinte sufones contó el conde, todos armados con ballestas ligeras, lanza corta y espada. Los renos, al pasar, dejaron una nube de nieve en suspensión y profundas huellas en la calzada.
—¿Hay guerra aquí también? —preguntó Sara, impactada ante aquella imagen.

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26 abril 2013 - 16:19
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Ah, olvido siempre decir una cosa: el ebook de Antigua Vamurta (Saga Completa) está libre de DRM, creo que se llama así. De modo que puede pasarse el archivo de un dispostivo a otro. Me lo señaló un lector y creo que es más importante de lo que yo creía.
Saludos.

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4 mayo 2013 - 21:07
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Y aquí os dejo un fragmento, el arranque del capítulo 39. Tercer avance.

[Permission to view this image is denied]

[SIZE=5]37
Oquadé[/SIZE]

Mientras se dirigían a la puerta de la ciudad, Eszul avisó al conde:
—Esas de allí, las que nos reciben. Son sacerdotisas, todas.
— Está bien. No tenemos nada que esconder, Eszul. Nos mostraremos tal como somos.
Siete damas de altura formidable aguardaban, rodeadas por una cohorte de guerreros sosteniendo el emblema negro y rojo de la ciudad, que flotaba sobre una gran asta. No era lo que tenían en mente, cuando les hablaron de Oquadé como una ciudad permisiva. Abrigadas con varias capas de tejidos finos de algodón negro, bajo los mantos se podían entrever una infinidad de argollas de acero que las aprisionaban. Sonreían, pero sus miradas eran gélidas como una mañana de invierno zaherida por el viento. Querían saber, eso el conde lo entendió enseguida. Los capitanes de la hueste caminaban lentamente, como si estuvieran en una ceremonia. Bajo los grandes aros, las sacerdotisas vestían una malla blanca que sobresalía en cuello y
mangas. Las largas uñas de las damas trazaron gestos extraños en el aire. ¿Los bendecían, los exorcizaban? No eran mayores, eran féminas de mediana edad y jóvenes también, pulcramente pintadas para la ocasión. Negro en torno a los ojos, morado oscuro en los labios, rojo chillón en las mejillas. Hermosas a su modo ancestral. Al llegar a su altura, observaron sin disimulo a la Bálkida, Eszul.
—Una mujer roja con gentes grises y vesclanos —dijo una.
—¿Para qué los seguirá? —preguntó otra.
—¿Por qué habéis venido a Oquadé, ciudad del límite? —inquirió una tercera.
Serlan dio un paso al frente. Antes de que pudiera abrir la boca, la más pequeña de todas ella, que era algo más alta que el antiguo conde, se situó frente a él. Cerró los ojos y apoyó sus palmas cobrizas sobre la frente del estratego. Se hizo un silencio absoluto, los hombres de armas de la aldea los vigilaban con atención.
—Podréis entrar en la ciudad —dijo la mujer, despegando sus manos del cráneo del capitán.
—Entrar pero no dormir —añadió otra.
—Y queremos saber. Saber quién es esa mujer roja, saber de la muchacha sin mano, saber. Saber sobre vosotros, los errantes. Sois nuestros invitados.
El conde asintió y les prometió contestar a sus preguntas. Sara las miraba, callada, sin que su expresión delatara lo que pensaba. Eszul, altiva, sonreía con malicia. Las sacerdotisas se hicieron a un lado, y los capitanes avisaron a la tropa de que se les permitía entrar.
Oquadé no se parecía al resto de ciudades libres. Se podría decir que solo existía una calle, tan amplia que por ella podrían transitar cuatro caravanas pegadas las unas a las otras, y el resto eran viviendas con fachada a estrechísimos callejones. Todas las casas tenían amplias ventanas para absorber la poca luz que llegaba del cielo y pequeños balcones floridos. En algunas azoteas se habían construido minúsculas jaulas de vidrio donde, acaso, alguien podía meditar o simplemente ver la lluvia caer sin mojarse. Lo sorprendente era que las fachadas estaban profusamente adornadas con bajorrelieves y pinturas de motivos alegres, desde estrambóticos conjuntos florales hasta animales y representaciones de los oficios. Unas imágenes que contrastaban con el acre olor a hierro fundido que se esparcía en el aire. Algunos propietarios de viviendas incluso plantaban árboles y flores sobre los tejados, lo que, a veces, daba la sensación de estar bajo un jardín. En aquella humilde urbe norteña, sus habitantes se preocupaban por ser felices.
La hueste avanzaba maravillada por la única avenida, abriéndose paso entre el gentío; los renos lanosos y malolientes, los mercaderes que se frotaban las manos viendo a tantos posibles compradores juntos ante sus puestos de venta. Los niños corrían entre sus piernas, admirándolos. Lemas, jugueteando con su cuchillo de matarife, pensaba que nunca los habían recibido con tanta cordialidad. Una de las callejuelas hedía a cuero curtido, la calle de los carpinteros a madera cortada y de la de los tejedores llegaba un caos de voces. Allí los aprendices cantaban mientras hilaban.
—Algo en vos les ha gustado a esas sacerdotisas, señor —dijo Eszul a Serlan—. Cuidaos de ellas.

A su lado, Éccate se intranquilizó. La pronta aparición de unos malabaristas que pedían la voluntad por su arte, lanzando aros de colores, los distrajo.
—De cualquier modo, cuidémonos de no disgregarnos por este bello laberinto —avisó Serlan a los mandos.
El griterío aumentaba. Llegaban a la plaza cuadrada, la única en toda la aldea, donde se aglomeraban las caravanas, el mercado y los dioses de todas las procedencias. Olía a especias y a metal, a pan recién hecho. Las estatuas de Onar y Sira convivían en armonía con las de Zintala, Osapa y Tamboras, de los hombres rojos. Lateas se alegró de ver un pequeño templo dedicado al Boadhais, cuya fachada estaba prácticamente forrada con musgo en toda su superficie, cuidadosamente regado y cortado.
—Aquellos son los edificios del Consejo —señaló el viejo vesclano—. Aunque parecen un gran bazar, si no fuera por esos guardias imponentes. Y aquel gran palacio es el de las sacerdotisas, llamado del Consejo, donde deciden junto a los prohombres de Oquadé. La plaza la llaman Las mil puertas, y es bien conocida por nuestros mercaderes.
Enseguida comprobaron que la colonia de hombres rojos era la dominante en la urbe y que su gobierno permitía y alentaba a cualquier recién llegado, fuese de la creencia que fuese.
Icet, que se había quedado atrás con sus vesclanos más próximos, lo observaba todo con su mirada taimada. En aquel gran mercado que era la plaza central de Oquadé, llegaban expediciones comerciales de todos los rincones de las colonias. Incluso podían encontrarse armas y artesanía que nunca antes habían visto: espadas exageradamente curvadas, arcos pequeños y manejables para jinetes, arcabuces de cañón esbelto, cerámicas esmaltadas de cuello alto y estrecho, tejidos con brocados y ribetes suntuosos.

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5 mayo 2013 - 17:32
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Hola Igor/Luis. Yo tengo la edición ebook. Llevo un 40% y me está encantando, aunque aún no entiendo la relación que tienen los protagonistas, sospecho que pronto lo sabré. No digo más para no destripar nada. En cuanto lo acabe prometo reseña.
(Ten paciencia, que solo leo cuando duermo al peque, así que voy deeeespaaaacioooooo).

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